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LUÍS    DE TRELLES


SANTO Y APÓSTOL, TEÓLOGO Y TROVADOR DE JESÚS SACRAMENTADO

 

SU DEVOCIÓN

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

Introducción

DISCURSO leído por el Presidente del Centro Eucarístico de Madrid en la Junta general de Adoradores de la Sección de Zaragoza el día de la Ascensión del año 1886.

 

Su devoción mariana

- Del Santo Rosario

 

 

Introducción:

 

D. Luis de Trelles, fue un hombre devoto. Su devoción principal era la eucarística que. con profunda eficacia, plasma en la Adoración Nocturna en cuyas vigilias se adora, con especial significación, al Santísimo Sacramento. Nos ha parecido de interés para los lectores incluir el texto del "discurso leído por el Presidente del Centro Eucarístico de Madrid en la Junta general de Adoradores de la Sección de Zaragoza el día de la Ascensión del presente año" (1886).

 

[Para información de los lectores es preciso reseñar que "el Presidente del Centro Eucarístico de Madrid" era el propio Luis de Trelles quien, en su humildad, no menciona su nombre, y cuando ha de hacerlo, recurre a eufemismos que lo soslayan. Como en este caso].

 

La devoción eucarística en Trelles, por serlo, es profundamente mariana. Por ello introdujo en las Vigilias el rezo del Santo Rosario delante del Santísimo Sacramento y las despedidas marianas al abandonar el lugar de la vigilia.

 

Los redactores de estas páginas se proponen extraer de los escritos de Trelles textos en los que se manifiestan tales devociones.

 

Invitamos a los lectores a penetrar  en la hondura devocional del Siervo de Dios.

 

TEXTO DEL DISCURSO

"Deus, autem, qui dives est in misericordia, propter nimiam charitatem suam qua dilexit nos, et cum essemus mortui peccatis, convivificavit nos (in Christo cuius gratia estis salvati) et conresuscitavit et consedere fecit in caelestibus in Christo Iesu.

"Pero Dios, que es rico en misericordia por su eximia caridad, con la que nos amó, y hallándonos muertos por los pecados, nos convivificó en Cristo (por cuya gracia habéis sido salvados) y nos conresucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales en Cristo Jesús". (Efes. cap. XI, versos 4, 5 y 6.) 

Eminentísimo y Reverendísimo Señor, queridos consocios:

         Los primeros cristianos celebraban ágapas o cenas fraternales, que, según la etimología de la voz griega, eran reuniones de caridad en que se comía frugalmente, antes o después de recibir la sagrada eucaristía, para estrechar los vínculos de amor, que unían a los fieles. Esta costumbre, santa en su origen, fue abolida, por los abusos a que dio lugar, en el Concilio de Laodicea, y ya se lee  en la Epístola de San Pablo a los Corintios algún claro indicio de los excesos, que después determinaron la abolición de este uso. Séame lícito comparar esta junta y aquellas ágapas, aunque en esta reunión no se coman manjares materiales, sino el pan sobresustancial de la palabra de Dios, que se sirve a los hermanos de esta familia eucarística, bajo la mirada y con la bendición del prelado, que es como el intendente del Padre de familias, y que añadirá a las palabras humildes del indigno presidente seglar, el plato exquisito de su discurso condimentado con la expresión excelente de su elocuencia y de su amor paternal.

         Y bien, ya que me toca el envidiable honor se ofrecer el primer plato en esta mesa espiritual, he tomado el asunto del pasaje de San Pablo que he citado antes, aunque deba acercarme a la tarea, con el temor y temblor que merece tamaña empresa.

         No vengo, en verdad, a comentar el texto, porque carezco de dotes para ello, y quiero limitarme a fijar vuestra mirada en menos todavía que en una palabra, en una conjunción : con-vivificavit, con-resuscitavit, con-sedere fecit; Cristo nos con-vivificó, nos con-resucitó, nos con-sentó en espíritu y en promesa en la sede celestial. La aspiración no puede parecer más modesta. Y, sin embargo, puede ser de un alcance muy grande.'

         Meditando sobre ello, adivinaba que la sílaba era muy expresiva y profunda, y para verificar la idea acudí a Cornelio Alápide, y hallé en él, con grata sorpresa, realizada mi presunción.

         Porque reuniendo cabalmente los tres verbos en un solo sentido hace notar el sabio intérprete que la conjunción, a más de una conduplicación y énfasis, especialmente en la voz con-vivificó, expresa que Cristo nos donó a su semejanza una vida espiritual común con él mismo. ¡Maravilloso y por todo extremo excelente don!

         Y, si me interrogáis por la analogía que esto tiene con nuestro instituto, os diré que yo creo que en la Adoración Nocturna, como en toda obra humana, hay alma, y cuerpo. El cuerpo de esta obra es la recitación de los salmos y las oraciones vocales; el alma, es la intención espiritual a que la obra se encamina, y la oración mental en que se debe ocupar el adorador, con el fin y propósito verdadero de aquélla, durante la segunda media hora del turno de cada pareja de socios. Y dicho se está que armonizar nuestras prácticas con aquel fin y propósito será la perfección de la obra.

         Por eso nos toca unirnos, como los soldados, a la intención del general que nos manda; y puesto que nuestro caudillo es Cristo nuestro Señor, que vive siempre en la sagrada hostia para interceder por nosotros, según San Pablo, se infiere que nuestro intento debe modelarse por el de Cristo, que es de expiación, de desagravio, de catequismo o intercesión por todos nuestros hermanos. La oración del Padrenuestro es un dechado que nos dejó el Señor de toda oración, y su decir es en plural con Cristo y con los demás hombres. Por otra parte, la regla, digámoslo así, de la Adoración Nocturna se condensa en aquella frase del Salvador a los tres discípulos en Getsemaní: "Vigilad y orad," como si la vigilia fuese, y así es, la oportunidad mejor de orar, esto es, de meditar, y correlativo en lo divino vigilar y orar.

         Trazado así el pensamiento del presente ensayo de discurso, me dejo llevar del deseo, y tal vez de la inspiración, a decir a mis queridos hermanos de las vigilias eucarísticas también con las palabras del Apóstol de las Gentes, a quien profeso, cuanto cabe en mi miseria, singular y cariñoso respeto: "Cuando erais párvulos hablabais, pensabais y obrabais como párvulos; ahora, es tiempo de obrar, hablar y pensar como varones y dejar lo que tenéis de párvulos: evacuate quae sunt parvuli."

         Porque a vosotros toca ya, sin dejar la recitación del oficio, elevaros en la segunda mitad de vuestro cuarto vigilante al otro y más sublime objeto de la Adoración Nocturna, pues como dice el evangelio, trasladando palabras del mismo Jesucristo, en el de la Samaritana: "Dios es espíritu y conviene adorarle en espíritu y verdad." Es preciso que vosotros, hermanos queridos, Sección primogénita del Centro Eucarístico de Madrid, foco y hogar de la obra en España, correspondáis los primeros, o como los primeros, pues otros que no debo nombrar, os han precedido, al verdadero espíritu de la obra, orando en la vía de expiación, de desagravio, de proselitismo espiritual, o sea del Apostolado por la oración.

         Dejad, os ruego, toda propensión, que a las veces os distrae, a las solemnidades fastuosas del culto externo, al ruido y al clamor de la esplendente y exterior devoción, que si es cosa buena, muy buena, para las funciones generales y públicas en el templo a puerta abierta, no cuadra bien a la vocación de seguir a Cristo, nuestro capitán, en su vida eucarística, tomando su ejemplo y la vía que nos traza, pues para eso nos convivifica, como dice mi texto. Y no olvidéis que ni en Roma, en donde a principios de este siglo comenzó la Adoración Nocturna, ni en Francia, de donde la hemos tomado nosotros, hay una sola función clamorosa y larga, sino la recitación del oficio y oración mental expiatoria. Ponerse, pues, a las inmediatas órdenes de Cristo, asociarse a su alma humana que, unida inseparablemente al Verbo divino, inmola místicamente su Cuerpo en el altar, reproduciendo su pasión y actuándola por cierta sublime manera para expiar nuestras culpas y desagraviar a su Padre celestial, y para compensarle con su amor de nuestros desvíos o ingratitudes, interpelándole, esto es, intercediendo con él por nuestra salvación, es nuestra orden del día. En una palabra, procuremos servir de pararrayos a la justa indignación de Dios que, sin aquella omnipotente súplica reverentemente hecha, y por eso escuchada, según San Pablo, descargaría sobre los hombres los castigos, aun temporales, que tanto merecemos. Tal es nuestra consigna, Monteros de Espinosa del Rey inmortal de los siglos. Evacuate quae sunt parvuli.

         Que nuestra oración se una y conforme a la oración de Cristo Jesús en su vida eucarística, en la que ruega por todo el género humano, y aun por la Iglesia purgante, que espera la bienaventuranza en el fuego temporal que la purifica y acrisola. La Adoración Nocturna debe ser un apostolado de oración por todo el mundo cristiano, como lo hace en la eucaristía Cristo, nuestra Cabeza invisible. Bien está en la primera media hora la oración vocal, que también es catequística, una vez enderezada por la intención al propio objeto. Mas la segunda media hora ha de ser de oración mental, cuanto se pueda, dirigida a la conversión del mundo pecador de que formamos parte, de todo el mundo, ya por la meditación individual y secreta, ya por la lectura reposada y paulatina, esto es, detenida, que practique el primer orador de la derecha, en un libro adecuado como el de Mons. de la Bouillerie, el de meditaciones del P. Luis de Granada, o de las del P. Andrade, o las obras eucarísticas del P. Sagette, las del P. Señeri o del P. La Puente.

         Así se completa el ejercicio y se convierte la obra en sublime asociación de las almas de los vigilantes nocturnos, con Cristo nuestro monarca. Ved los guardias del rey cuando hacen servicio inmediato a su persona, cómo están atentos a su menor indicación, y no piensan en otra cosa: observan ceremonia para realzar la dignidad del rey, visten su brillante uniforme con el propio fin, se entregan a él en cuerpo y alma, como la criada mira a su señora, se colocan a su disposición, velan por su seguridad, adivinan su menor deseo y lo atienden, contribuyendo así y de todos modos al esplendor del trono, de que les redunda un destello de honor y gloria.

         De la misma suerte, hemos de vestir nosotros el uniforme de Cristo en su adoración, revistiéndonos de él, observando su ordenanza de amor y de sacrificio, y presentándonos a la vista de los ángeles, con quienes alternamos, en una actitud circunspecta y humilde, con la mayor compostura y con todo el recogimiento posible.

         Y, puesto caso que la oración que hace el rey a quien servimos de cerca es general, reverente, deprecatoria y de intercesión omnímoda por la Humanidad entera, para formar nosotros diariamente en las filas de su guardia, hemos de seguir sus vestigios en la vía espiritual y unirnos a su intención. Y como ésta es de intercesión y desagravio, aunque de un modo invisible, hemos de asociarnos a ella de acto y de espíritu, pidiéndole calladamente, de corazón a corazón, de alma a alma, pues nos hallamos en su presencia, que nos asocie a su ministerio de expiación, de desagravio y de gracia.

         En la primera invitación para adorar, que después se ha acortado, decíamos, y nos cumple repetir aquí: "Pedid a Dios todo lo que queráis, muchas cosas, grandes cosas, a cargo de su omnipotencia y de su misericordia infinitas, que ni le hemos de cansar con nuestra demanda, ni se puede agotar su poder infinito, ni se ha de enojar por nuestra santa codicia." No está mal ciertamente rogar en el orden de caridad por los parientes, los deudos, los amigos y los enemigos, por los difuntos que nos fueron en vida queridos y por nuestros bienhechores; pero es mejor, mucho mejor, y conviene más a nuestra excelente vocación, ensanchar, extender nuestras aspiraciones, para que como en el salmo anunció David: "Dilatando la boca, esto es, el ansia, el deseo, el Señor la llene."

         ¡Ah! si pudiera grabar en vuestro corazón y en el mío propio esta sobreexcelente idea y propósito; si a costa de mi vida, pronta ya a extinguirse, pudiese obtener a mi pobre consejo de vuestra parte una adhesión actual, sincera, continua, de generalizar, extender y ampliar nuestros ejercicios en la esfera ilimitada a que os convido, y a la en que se mueve la oración, que cual vírgula del incienso sube del trono eucarístico al trono de Dios, ¡qué gozo para mi alma! ¡Qué esperanza para nuestra obra! ¡Qué utilidad para la Iglesia y para la gloria de Dios! Pero ya que más no pueda, bueno es que lo oigáis y lo sepáis, y al escucharlo hagáis un propósito firme e irrevocable de unirnos en la oración nocturna con Cristo que nos convivificó, que nos conresucitó, y sentarnos con Cristo que nos hizo subir, en cierto modo, con él, pues llevó su humanidad, que es nuestra carne, a la sede celestial en que la colocó a la diestra del Padre. Amén. 

Terminado mi discurso, me dirijo a vos, Emmo. señor, nuestro querido y altamente venerado prelado y príncipe de la Iglesia, para instaros humildemente a que realcéis esta solemne reunión con vuestra inspirada palabra pastoral, pues siempre hay en el corazón de los hijos, como en un arpa templada por la mano de Dios, una cuerda secreta que sólo vibra y resuena a la voz cariñosa del padre común de todos aquéllos.

Acceded, señor, a nuestra súplica, y descienda de vuestra sede, fuente de gracia y de amor, esa bendición que fecunda el campo de vuestra grey, ya que el Señor os otorgó apacentar las ovejas y los corderos del verdadero pastor de nuestras almas para abrevarlos después él mismo en los abundosos raudales de su gloria.  LS 1886, p. 212 cuyo facsímile puede encontrarse en el archivo del mes de Junio

 

Su devoción mariana:

 

De los escritos del Siervo de Dios Luis de Trelles.

 

 

 

EL SANTO ROSARIO DELANTE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

El Santo Rosario se compone de tres partes u oraciones: El Ave María, que nos recuerda la Aurora de la Encarnación; por contener el mensaje precursor del advenimiento del Verbo Divino al seno virginal de María; el Padrenuestro, que es la oración Dominical por excelencia, puesto que la enseñó el mismo Cristo, y el Gloria que hace como de anillo que enlaza y forma la hermosa cadena que se llama Rosario, o sea Corona de Rosas, y que honra e invoca a la Trinidad, como para dedicarle las preces y alabanzas de que el Rosario se compone.

 

Bajo cualquiera de estas tres partes del Rosario late Jesucristo como Dios y como hombre, pues nos lo recuerda el Ave María.

 

Todo conduce a la gloria de Cristo Nuestro Señor como hombre en el primer momento de su encarnación. La distribución de los quince misterios [veinte en la actualidad por la propuesta de SS Juan Pablo II de incluir los luminosos que contemplan la vida pública de Jesús] señaló ¿cómo diríamos? las etapas de su viaje del seno del Padre a la tierra por acción del Espíritu Santo; las de su vida pública, las de su vida de redención o dolorosa y las de su tránsito glorioso del sepulcro al Cielo y la glorificación de su Inmaculada Madre.

 

Para hacer esto más palpable no hay más que traer a la memoria la presencia real con referencia a cada misterio. Por ejemplo, advertir que la actitud y mérito de la Oración del Huerto está virtualmente en la Hostia porque allí está el que oró y en un modo inexplicable la sangre de sus angustias y sudores, y el mérito de la efusión; y aún más, se hizo en la Misa la reproducción mística del sacrificio de la voluntad de Nuestro Señor, aunque de un modo incruento, y lo mismo se puede decir de cualquiera de los demás misterios.

 

Con sólo advertir que nuestros sentidos no lo ven, pero que el mismo Señor está allí y escucha de cerca nuestras preces, ya se logra una gran ventaja y un gran aumento de gracia con la recitación de cualquier plegaria en presencia del Santísimo Sacramento.

 

Pero hay más, y es que Jesús se asocia a nuestras oraciones desde su trono de gracia, por el plural del Padre-nuestro y por la reminiscencia de actos de su vida, pasión y muerte, que se le hace en la hermosa devoción que nos ocupa.

 

De este orden de consideraciones se deduce, que al hacer esta devoción con buen espíritu y deseo, se da culto a Cristo y a su Madre, y gloria a la Trinidad.

 

La devoción del Santísimo Rosario, que era en tiempo de nuestros padres una de las más constantes prácticas en las familias, ha venido casi a olvidarse o enfriarse en España, en términos de que son ya contadas las casas, al menos en las Ciudades, en que se conserva tan hermosa práctica, que las exhortaciones de nuestro Pontífice León XIII pretenden y desean restablecer.

 

Todos los fieles saben que el recuerdo de la pasión y muerte de Nuestro  Señor Jesucristo es uno de los medios más eficaces de alcanzar los favores del Cielo y de asegurar a los pecadores el don de la conversión, y a los que caminan hacia la perfección cristiana, la perseverancia y el progreso en la vía  que afortunadamente han emprendido.

 

"La Lámpara del Santuario" Tomo XVI - Pág. 433 - Año 1885.

 

Continuará

 

Esto es una página en formación. Poco a poco introduciremos los aspectos más genuinos  de la devoción de D. Luis de Trelles y la influencia que ejerció en los que lo conocieron.

 

Dejémonos guiar por Trelles en ese acercamiento a la Eucaristía. 

 

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