- Preámbulo

- Portada

- Presentación

- Sumario

- Introducción

- Instituciones de Trelles

- Sinopsis biográfica

- Cronología biográfica

- Oración pro beatificación

 

 

 

 

 

INDICE

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LUIS    DE TRELLES
 
SANTO Y APÓSTOL, TEÓLOGO Y TROVADOR DE JESÚS SACRAMENTADO

PROSPECTOS DE TRELLES
 

                          
 

                                    

 

 

 

PROSPECTOS DE TRELLES
 

Preámbulo:

Lo que sigue constituye  la compilación de diversos escritos que Don Luis de Trelles esparció a boleo controlado en la Lámpara del Santuario. Los compiladores, que la editaron en papel, han deseado incluirla en esta Web con el propósito de ir cerrando la magna obra que constituyen los escritos del Fundador de la Adoración Nocturna en España a quien esperamos ver alguna vez en los altares. Quien ha conocido a Trelles a través de sus escritos y los escritos de los que recibieron el caudal de sus palabras y de su ejemplo, sabe que esté o no en los altares, es un santo.

Ese convencimiento nos debe llevar a implorar del Altísimo nos conceda la gracia de que la Iglesia decida beatificarlo primero y canonizarlo después, pero debemos "importunarlo" con fe ayudándonos con esta oración.

Si Vd., amable lector, se decide a "circular" por estas páginas comprobará que la "Luz Eucarística" que emana de las palabras y del ejemplo de Trelles le llevará. seguro, a confirmar que nuestra afirmación no es gratuita y engrosará el número de los que creen en su santidad.

 

 

Portada

 

LA LUZ EUCARÍSTICA

 

 

EN LOS ARTÍCULOS-PROSPECTO QUE ESCRIBIÓ

 

TRELLES

 

PARA LA LÁMPARA DEL SANTUARIO

JOSÉ PASTOR y M.ª TERESA TUÑAS

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

Constituye esta obrita:

El sumario y su desarrollo de una sistematización y síntesis de los autores; pueden servir para iniciación en el conocimiento de la obra de don Luis, siempre sujeto a la subjetividad de los autores.

En las referencias, LS significa La Lámpara del Santuario y va seguida del año y páginas correspondientes.

SUMARIO

 

ACCIÓN DE GRACIAS

 

HUMILDAD DE TRELLES

 

1.- Indigno espiritualmente.

2.- Sin conocimientos teológicos.

3.- Sin redactores adecuados ni perseverantes.

4.- Sin apenas colaboradores perseverantes.

5.- Con escasos suscriptores.

6.-  Perturbado por los sucesos políticos-sociales-religiosos, tanto él como los redactores, colaboradores y suscriptores.

 

VOCACIÓN DE TRELLES

 

Realiza grandes misiones sin colaboradores:

1.- difusión de doctrinas y devoción eucarísticas.

2.- Fundaciones.

 

PROVIDENCIA

 

Dios escoge para sus grandes obras a trabajadores ineptos para que sea patente su gloria.

 

ESPLENDOR DIVINO

 

LA LUZ EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EN EL EVANGELIO DE JUAN

 

1.- Alegoría general.

2.- La metáfora Dios-luz.

3.- La metáfora Jesús Sacramentado-lamparita del sagrario: testigo de la Presencia y representante de los devotos.

4.- La metáfora lamparita del sagrario-Revista: Trelles fundador, formador y coordinador. Asistencia de los suscriptores y lectores.

 

SÚPLICAS FINALES

 

CONCLUSIONES

 

SINOPSIS BIOGRÁFICA

 

CRONOLOGÍA BIOGRÁFICA

 

ORACIÓN

INTRODUCCIÓN

 

Creemos que la mejor presentación la hizo el Siervo de Dios Luis de Trelles en su primer artículo, al iniciar la publicación de su Revista: sólo hemos de añadir que, en lo sucesivo, los textos de Trelles aparecerán entrecomillados. El resto, y las indicaciones en color, son añadidos de los autores de esta recopilación.

 

§ 1) “Modesto, pero significativo es el título que hemos adoptado.

§ 2) “Arde silenciosa en las tinieblas de la noche, humilde y viva la luz tibia de la lámpara eucarística, atestiguando la fe de quien le da pábulo, y la mano amiga del pobre acólito que la encendió.

§ 3) “Puede decirse que aquella luz es el único testigo que puede deponer, en aquellas horas, que dentro de algunas tablas, carcomidas tal vez por la acción del tiempo, se dejó encerrar, y bajo llave que el hombre guarda, el Dios omnipotente, que no tiene límite en su poder, ni en la extensión, ni en la sabiduría ni en el amor...

§ 4) “El amor le trajo de su eternidad en busca de la oveja perdida, dejando en el cielo las noventa y nueve, como interpreta san Gregorio el Evangelio del Buen Pastor; y su bondad ha querido darnos el ejemplo de todas las virtudes en su vida eucarística.

§ 5) “Allí pasa S. D. M. las noches en místico silencio, sin oír ni una palabra, ni una oración, ni una muestra del amor que vino a buscar con tantos sacrificios y fatigas.

§ 6) “En los días que no hay obligación de ir a la iglesia, rodéanle apenas algunas pobres almas devotas, que le van a dar culto por algunos minutos; y, muy pocas, a recibirle con frecuencia, a Él, que tanto desea comunicarse, y cuyas delicias son estar con los hijos de los hombres.

§ 7) “Los modestos y reverentes redactores de esta Revista mensual se proponen, con el favor de Dios, encender esta pobre luz que la gracia del mismo Señor les permitirá alimentar con sus adorables inspiraciones, para que, vista de sus hermanos más distraídos y no menos creyentes, se acuerden de aquel amor inefable que se oculta en el sagrario, bajo piadosas y mentidas apariencias de pan, por tal de ponerse en misericordiosa relación con su miserable e ingrata criatura.

§ 8)La Lámpara del Santuario viene a llenar un vacío entre tantas publicaciones devotas, y a ofrecer un medio de mutua inteligencia y de lectura común a una sociedad espiritual que casi reúne 200.000 afiliados y que, comulgando una vez al mes, en un espíritu de unidad y de compensación de los ultrajes que recibe Jesús en su adorable sacramento, contribuye a la gloria de Dios de una manera especial.

§ 9) “Esta pobre publicación no encierra, gracias a Dios, ningún pensamiento de especulación, ninguna idea de interés humano para sus fundadores y redactores, completamente gratuitos.

§ 10) “Sus utilidades, si las hubiese, serán para el objeto eucarístico, es decir, primero para patentes[1] y hojas de Culto Continuo, y luego después para promover la propagación de fervorines de esta devoción, hojas sueltas adecuadas a la preparación y gracias de la comunión, la reproducción de obras de esta especialidad (antiguas y modernas) encaminadas a la frecuencia de los Santos Sacramentos, para ayudar la traducción de las [obras] que aparezcan en otro idioma y, en fin, para todo lo que conduzca a generalizar el uso fervoroso de la Eucaristía y su adoración de día y de noche, a lo menos en espíritu.

§ 11) “Con el fin de responder y atestiguar con la publicidad la inversión de lo que sobre de los indispensables gastos, y la fidelidad con que se cumple el propósito, se publicará el número de suscriptores, los gastos de impresión, de papel, de administración, de repartidores, de correo y demás que se ocasionen, y se dirá en qué se invierte el saldo que resulte en el orden que va explicado.

§ 12) “De este modo puede decirse que los fundadores no son propietarios, sino administradores vitalicios de esta Revista, cuya verdadera propiedad y utilidades son del mismo culto eucarístico, sin preferencia alguna por parte de los abonados, que elevándose sobre ideas vulgares de interés, ni aun devoto, deben congratularse de contribuir a la propaganda, en la exigua proporción de su óbolo, de la devoción más tierna y provechosa que posee la Santa Madre Iglesia Católica, cuyo riquísimo tesoro es el cuerpo y sangre, alma y divinidad de su esposo amante.

§ 13) “Cuanto menos favorables sean los tiempos, para esta obra que emprendemos; cuanto más indignos sean los obreros, y pueden serlo todos los que quieran, si se someten al criterio de la redacción, tanto más brillará el poder de Aquél en quien todo lo podemos de lo que a su gloria atañe y pertenece. De Aquél de quien desciende todo bien óptimo y todo don perfecto, ya que dicho se está que a nada convienen estos epítetos, como al don y al bien que la Sagrada Eucaristía contiene real y efectivamente.

§ 14) “Sólo nos resta implorar la oración, aun más que el tributo de nuestros lectores, para que podamos alcanzar todos la merced de cooperar, cada cual en su esfera, a esta modesta, pero sobreexcelente obra, que tiene la alta aspiración de perpetuar un Centro Eucarístico que ya cuenta con tantos asociados y que, si vive lo que el objeto, llegará al fin del mundo, porque la promesa divina no puede faltar y el Evangelio nos ofrece que Dios estará con nosotros en las sagradas formas hasta la consumación de los siglos.

§ 15) “Quiera el Señor escuchar y hacer eficaces nuestros votos, para su mayor honra y gloria y para la edificación de nuestros hermanos en la fe católica.”  

(LS- 1870, p. 5: “La Lámpara del Santuario.”)

 

***

 

Aparte de los puntos que el mismo Trelles señaló en este artículo, añadimos dos (agustinianos) que menciona en el año 1878, señaladamente coherentes con la doctrina del Sacramento y la Gracia, propia de Trelles; un tercero de 1879 y un cuarto del año 1884, que desvelan la convicción de don Luis acerca de la sencillez propia de la doctrina cristiana, lo que no está en contradicción con la insondable profundidad de esas doctrinas; sino que don Luis sostuvo que la doctrina católica debe estar al alcance de todos los fieles, por sencilla y obvia.  

 

1.ª “Mas nuestro propósito es diverso, y añadiremos todavía que es más atrevido, pues se dirige a estudiar el porqué, o sea, la razón o el verdadero origen de que Moisés en el Pentateuco, David en los Salmos, los Profetas en sus escritos y las obras de los Evangelistas, por ejemplo, las cartas de San Juan, se hallen acordes con el Evangelio en preferir, para significar a Dios el símbolo de la luz; investigando si sobre ello hay alguna razón potísima [principal] y clara... San Agustín, cap. v de la Obra Imperfecta sobre el Génesis, ... aplica simbólicamente la frase a la generación del Verbo, en cuyo concepto dijo el Padre ΄sea o hágase la luz̉, para significar: sea el Verbo como Luz de Luz [ver en artículo prospecto de 1878].”

 

2.ª “Además, esta versión se acomoda a atestiguarnos la presencia de Dios en todas partes, y que en Él vivimos, nos movemos y somos, cual dice San Pablo; porque la luz, que es, según dice un sabio, esplendor del rostro de Dios, nos baña por todos lados y forma como un océano de vida y de movimiento que nos asedia a medida que le quitamos los estorbos. Y se ha menester esfuerzo para buscar durante el día las tinieblas; así como hacemos violencia a nuestra condición esencial sustrayéndonos a la gracia divina. Da origen esta observación, sencilla y obvia, a una especie de beatitud terrenal para quien conserva la presencia divina, y no se enajena a la suave atracción de su gracia; así como su olvido da por consecuencia una especie de expectación del juicio y atmósfera de disgusto que rodea al pecador, que perdió la gracia [ver en artículo prospecto de 1878].”

 

3.ª “El presagio de Balaam se halla comprendido en el Antiguo Testamento con tal ingenuidad, que se brinda a la consideración del cristiano como una especie de comentario anticipado del Evangelio, y como seguro y fiel anuncio de la prosperidad de la Iglesia, figurada por la del pueblo elegido en el Antiguo Testamento... Bella y sencilla es la narración, y se presta a profundas y oportunas consideraciones [ver en artículo prospecto de 1879].”

 

4.ª “El Cantar de los Cantares,... sus palabras, aunque sencillas, son de gran profundidad [ver en artículo prospecto de 1884].”

 

 

INSTITUCIONES DE TRELLES:

 

Culto Continuo: Institución estructurada en coros o grupos de 31 fieles. Cada fiel se comprometía a comulgar en un determinado día del mes, y en nombre de los demás asociados; hay que saber que la comunión frecuente era rarísima en su época: así practicaban la comunicación de bienes espirituales entre los santos y se iniciaban en la comunión habitual.

 

La Lámpara del Santuario: fue la primera Revista eucarística en Europa (luego se publicaron otras en Francia, Bélgica e Italia, pero por corto tiempo). Durante 22 años apareció mensualmente, prácticamente a cargo de Trelles en todos los sentidos.

 

Centro eucarístico: Trelles lo llamó congregación de hombres piadosos. Originariamente eran doce miembros de relieve en la Sociedad madrileña, notables por su piedad eucarística y buen criterio. Tomaron la tarea de fomentar, sostener, regular y coordinar las Asociaciones eucarísticas ya existentes o que se proponían fundar. Se estructuraron en cuatro secciones: la primera, el Culto Continuo; la segunda,  la Revista; la tercera, la Adoración Nocturna, y la cuarta, el socorro de los sagrarios menesterosos: ésta no logró estabilizarse hasta que Trelles la instituyó como Camareras de Jesús Sacramentado. Trelles ocupó, por modestia, el cargo de Secretario (director efectivo), y posteriormente, el de Presidente.

 

Adoración Nocturna: fue semejante a la francesa en los ritos, pero con una espiritualidad inusual en su tiempo; permaneciendo seglares, sumergidos en las actividades del mundo, una noche al mes la dedicaban a actividades propias de contemplativos: la adoración eucarística y la oración meditativa, la expiación e impetración por los pecados propios y de la Sociedad civil y religiosa. Todo ello en la más absoluta modestia (silencio y ausencia de publicidad).

 

Camareras de Jesús Sacramentado: en su época era impensable que las mujeres salieran de su hogar por la noche, y menos, que la pasaran en una iglesia; pero Trelles no quería dejarlas alejadas de la adoración eucarística. Fundó esta Asociación para cumplir dos objetivos: aportar, con el trabajo de sus manos, los objetos de contacto inmediato con el Sacramento, y acercarlas a la adoración, colectivamente durante el día, y espiritualmente en su domicilio, por la noche.

 

Adoración Perpetua: fue su propósito desde el principio, pero no pudo llevarlo a cabo hasta los años postreros de su vida; coordinó la adoración nocturna fundada por él con las XL Horas en turnos correlativos.

 

***

 

 

Trelles siempre colocó, como primer artículo de cada año en LA LÁMPARA DEL SANTUARIO, uno que él llamaba artículo prospecto, en el que cumplía con la tarea de dar gracias a Dios por su perseverancia; explicaba el plan general de la Revista, reunía las enseñanzas bíblicas sobre la luz, explicaba las metáforas que enlazaban a Dios, Luz Indeficiente, con la luz del Universo; desarrollaba la relación de la lamparita del sagrario con Jesús Sacramentado, y la que ligaba a la lamparita del sagrario con su Revista. En lo que sigue, podremos leer los mismos pensamientos y palabras de Trelles, pero ordenados por temas, y destacando los sentimientos que expresó veladamente Trelles.


[1] Documento de afiliación y normas que las Asociaciones entregaban a los miembros. Ver LS 1870, pp. 473-475.

 

ACCIÓN DE GRACIAS

 

 

LA HUMILDAD DE TRELLES

 

 

La mayoría de los artículos prospecto empezaban con una acción de gracias a Dios por permitirle continuar la publicación un año más, y por los suscriptores que, aunque escasos —la Revista sufrió deficit casi siempre— le permitían mantenerla; y, algunos años, hasta que la guerra desorganizó su distribución, le quedaba margen para sufragar la edición de las patentes de la asociación El Culto Continuo a Jesús Sacramentado.

 

En 1875, puntualizó su acción de gracias a Dios, porque le permitía contribuir a la extensión del amor a Jesús Sacramentado entre los fieles suscriptores, a la par que había experimentado un repunte de las suscripciones, hasta sobrepasar las 1000, lo que le producía nuevamente un sobrante con que cubrir los gastos del Culto Continuo. Pero duró poco ese gozo: al año siguiente constataba que no aumentaban los suscriptores, pero sí las dificultades por las que pasaban los fieles, y que se reflejaban en algunos abandonos. 

 

Dos años después, celebraba la notable expansión del Culto Continuo (que casi llegó a los 240 000 asociados y, al final de sus días, llegó a los 300 000); la restauración del Centro Eucarístico (que coordinaba las actividades eucarísticas sostenidas o fundadas por Trelles), aunque la sección dedicada al cuidado de los objetos de culto eucarístico en directo contacto con las Sagradas Especies seguiría unos años más en suspenso (hasta el 16 de octubre de 1881, fecha en que fundó la primera Sección de Camareras de Jesús Sacramentado, en Zaragoza).

 

En 1873 extendió su agradecimiento a la lamparita que arde ante los sagrarios; ella fue el instrumento del que recibió su primera inspiración para nombrar a su Revista como La Lámpara del Santuario.

 

 En 1881, reconocía que el título de la Revista ya fue usado por Wiseman en una novela, sin relación con su Revista.

 

1.- Trelles se confesó indigno espiritualmente.

 

Trelles inició el primer artículo de 1872 mostrando su agradecimiento a Dios por la perseverancia que le concedía, a pesar de su indignidad; expresó ciertos escrúpulos acerca de la conveniencia de seguir en la publicación; pero confesó que experimentaba un gran gozo por su trabajo, y el convencimiento de que la obra arrastraría, mejorándolo, al obrero. Pedía oraciones a los suscriptores y expresaba su confianza en poder fundar el Centro Eucarístico, que había propuesto en su primer artículo, en 1870. 

 

2.- Trelles era un seglar sin conocimientos teológicos.

 

En 1887, Trelles daba gracias a Dios por el largo periodo de publicación de la Revista y por su fecundidad en la propaganda eucarística: claramente se refería a la multitud de fundaciones de los años 1886, 1887, 1888, 1889...

 

Al año siguiente, 1888, en su acción de gracias inicial del año, Trelles continuó su discurso de 1882 y de 1887: reconoció que su propósito de 1870 era irrealizable por su propia insignificancia e insipiencia; que estaba claro que fue Dios quien lo sostuvo y llevó adelante. Porque los defectos del obrero desagradecido a la vocación son castigo justo, que disminuyen su mérito. Pero, al contrario, quiso Dios que diera gran fruto, aunque en grandes periodos fue una sola persona quien hacía todo en la Revista. A continuación, repasó las fundaciones: así resultaba un claro alegato que refutaba, por anticipado, el informe que el canónigo Caparrós presentaría a fin de año al Obispo, y que corroboraron los demás miembros del Centro Eucarístico.

 

En 1876, en la redacción de su Revista se le presentó un dilema: cuanto más avanzaba en la tarea eucarística, más se le iba ensanchando el horizonte, y el amor de Jesús Sacramentado le atraía más; al mismo tiempo, Trelles decía que la incompetencia suya —por escasez de ciencia, que no se suplía con la piedad debida— se hacía más patente.

 

 Tres años después, seguía en dificultades por su ignorancia, que conocía mayor a medida que estudiaba la teología.

 

 3.- Trelles era un editor sin redactores adecuados ni perseverantes, y con escasos colaboradores y suscriptores.

 

Trelles fundó y mantuvo durante casi 22 años una Revista exclusivamente eucarística, única en España, prácticamente solo en la Redacción y con escasos colaboradores ocasionales y con un mínimo de suscriptores.

 

En 1879, decía que las dificultades crecían por la falta de cooperadores literarios, cosa que sufrían los lectores con paciencia, y viendo sus buenas intenciones.

 

Según el humildísimo Trelles, era un verdadero milagro que la Revista persista año tras año; Trelles la comparaba humildemente con un fuego fatuo de cementerio, con una azucena de cenagal. Con pocos redactores (la mayor parte del tiempo, Trelles a solas), siempre seglares, y escasos de ciencia y de piedad.

 

Aunque hubo un cierto repunte de suscriptores en 1875, la tónica general fue mantenerse por debajo de los 1000, y en paulatino descenso, por falta de relevo suficiente para cubrir las bajas vegetativas. Trelles confesó, al final de sus días, la sangría creciente que significó en su economía doméstica el constante deficit de la Revista y los gastos ocasionados por sus viajes en tareas de fundación y de asesoramiento de sus obras eucarísticas, mientras mantuvo invariable el precio durante 22 años: un real al mes.

 

4.- Las perturbaciones por los sucesos político-sociales-religiosos, sufridas por Trelles y los redactores, colaboradores y suscriptores.

 

Fundó la Revista en una época en que la Revolución del 1868 había eliminado todas las libertades democráticas, excepto la de Prensa; en el campo religioso, no había ninguna otra libertad, ni la de expresión en el interior de las iglesias.

 

Aunque no era dado a formular quejas personales, como justificación y defensa ante los ataques despiadados que le dirigió la jerarquía religiosa de Madrid, tuvo que desvelar sus limitaciones y  sufrimientos y los de sus colaboradores, junto a lo injusto de ese trato, habida cuenta de los logros crecientes en seguidores y frutos espirituales de sus obras. A pesar de todo, siempre mantuvo el propósito inicial: difundir el amor a Jesús Sacramentado y así redimir los pecados propios.

 

En 1884, ocurrieron los primeros intentos de apartarle de sus fundaciones, seguramente con participación de algunos miembros de su mismo grupo y, quizá, apoyo de algunos clérigos de Madrid; el arzobispo de Toledo desestimó esas proposiciones. Aquí hay que considerar sus falsas premoniciones sobre su muerte, que aparecen en enero (“empezamos el 15.º año de nuestra vocación periodística, sin saber si lo terminaremos; para esta eventualidad, que ya no está lejana, suplicamos al Señor que envíe trabajadores a su viña, haciendo que nos reemplacen personas dignas, más instruidas y más fervientes en el amor a Jesús-Hostia, que propaguen el culto y devoción eucarísticos”); su tribulación reaparece en mayo en Zaragoza: se reconoce impaciente en su insistencia sobre algunas virtudes esenciales en los adoradores, especialmente la humildad, “porque la nieve de los años, que blanquea mi cabeza, y el orden natural de las cosas me anuncian un fin próximo y una separación de vosotros... Cuando yo falte de entre vosotros... estoy seguro que habréis de recordar estos consejos y rogar por quien os los ha dado.” En su respuesta, el Cardenal Benavides dijo que no comprendía por qué había contristado a todos con ese anuncio, que no sería cumplido tan pronto. Es curioso que Trelles siempre contó con el apoyo decidido de los obispos, excepto desde 1889 el del obispo de Madrid. [Ver el último párrafo del apartado fundaciones]. Poco tiempo después, Trelles les encomendó a los seminaristas la tarea que estaba haciendo él: difundir la A. N. y el culto eucarístico —ver LS 1884, página 199—.

 

El mismo Cardenal Benavides cumplió, antes del año de su muerte, en la Junta General de los Adoradores de Zaragoza, aquel deseo expresado por Trelles de que recordaran sus enseñanzas y rogaran por él.

  

VOCACIÓN DE TRELLES

 

  

Trelles se sentía confuso ante su vocación de difundir la doctrina y devoción eucarística, a causa de su indignidad espiritual y científica; deseaba ser reemplazado, pero confesaba que le daría pena.

 

En 1881 confiesa que la Revista y el Culto Continuo están sufriendo deficit, que cubre él; pero que vale la pena hacerlo por la devoción a Jesús Sacramentado que suscitan: el bien de una sola alma lo compensaba.

 

Lamentaba su aislamiento en la campaña de amor eucarístico. Pero el pequeño eco de su voz no le arredraba; en el fondo del alma, sentía gran alegría por esta ocupación, por lo que se inclinaba a seguir los consejos de los obispos de las diócesis donde se fundaban sus obras, que le animaban en su propósito. Se consideraba como el monaguillo de una iglesia rural que mantiene viva la lamparita del sagrario.

 

Prometió mejorar e instruirse.

 

Adjuntamos unos textos originales de Trelles, como muestra de la difusión de doctrina eucarística que estaba haciendo:

 

“Siguiendo la opinión de nuestro querido intérprete [Cornelio Alápide], se comparan a las lámparas que arden y despiden llamas, los corazones de los Santos, en los cuales se enciende el hogar de un amor sobrenatural al soplo del Espíritu Santo, y obrando en su virtud los favorecidos, despiden llamas que comunican a los otros con su ejemplo y con sus palabras, dado que, en hebreo, la voz que se traduce por lámpara, significa tea, tizón, carbón, hacha y, en suma, todo lo que volando enciende e inflama. Y, así como el fuego suele comunicarse de una en otra materia combustible, sin extinguirse ni agotarse, así el Amor divino, que hace pábulo en el corazón del hombre excitado por la gracia del Espíritu Santo, le llega a poseer totalmente; máxime cuando medita en la pasión y muerte del Señor, y en la voluntad resuelta con que Jesús la sufrió por redimirnos de la muerte eterna.

 

“Con la misma palabra traducida por lámpara, se expresa en hebreo el fuego natural y los relámpagos, así como toda llama viva que se propaga volando o por la impulsión del viento; y aun se designan con la misma voz los animales volátiles, citando Alápide, al propio fin, los salmos 77 y 75, y la impresión de las llagas de San Francisco, que un serafín alado le transmitía e imprimía con los sagrados estigmas, como otros tantos focos o incendios de caridad. Recuerda, así bien, a San Ambrosio, que dice que la caridad tiene alas de fuego ardiente; y deduce de todo ello que las lámparas de amor y de celo son, como dejamos dicho, los corazones de los Santos, que por la acción del fuego divino, se van acrisolando y cambiando en espiritual todo lo material y terreno que hay en ellos; transformándolos y enardeciéndolos en el fuego celestial que el Señor trajo al mundo y que, según el evangelista, desea que se encienda e inflame los corazones[1].

 

“El Ritual Romano, en el rito u oficio de administrar el Viático a los moribundos, dice que la Sagrada Eucaristía es manjar del alma, y es una llama que enciende en nuestros pechos el fuego de la caridad, y extingue y apaga los fuegos de la carne. Este precioso concepto, que viene bien a nuestro intento, nos explica perfectamente algunos de los efectos que produce Jesús-Hostia en los corazones bien dispuestos, enardeciéndolos en las llamas de la caridad. Por tanto, cuadra bien a nuestro propósito entender aquí por las lámparas de fuego y de llamas  los corazones de los comulgantes que, suspendidos como aquéllas, entre el cielo y la tierra, fomentados con el óleo del divino amor, y con el que se ponen en contacto al recibir la Sagrada Forma, arden en la caridad y atraen a los demás con el resplandor de su luz y llegan, movidos de su celo, a tomar hasta cierto punto la misión que Jesús trajo a la tierra; porque, diremos con nuestro intérprete, que así como el fuego martiriza al cuerpo, así el celo hace al alma apasionada del esposo; añadiendo que, así como la pólvora colocada en minas, bajo los muros o los edificios, les hace volar con ímpetu y ruido, así el celo vence y arrolla todos los obstáculos, por grandes y poderosos que ellos sean.

 

“El amor divino no se esquiva a nuestra solicitud, sino que, antes bien, como el mar rodea las murallas de los parques[2], la caridad del Señor nos asedia y circunda, y busca con solicitud verdaderamente paternal y tierna, la manera de penetrar sin violencia en nuestro corazón, para poseerlo todo entero.”

[LS 1884, p. 3 y sig.] 

  

PROVIDENCIA DIVINA

 

1.- Dios escoge para sus grandes obras a trabajadores ineptos para que sea patente su gloria: las Fundaciones.

 

En 1882, la acción de gracias habitual tuvo un carácter especial de ejercicio de humildad: se fundamentó en el salmo 8. Así, Trelles justificó su especial acción de gracias a Dios en el contraste de la majestad omnipotente de Dios con su pequeñez de hombre; por añadidura, él era hijo del desobediente Adán, al que, sin embargo, Dios puso al frente de la Creación. Con ello justificaba que también Dios hizo lo mismo al elegirle a él como promotor de una nueva espiritualidad eucarística, difundida por la Revista y las fundaciones eucarísticas.

 

Salmo 8:

“¡Oh, Yahvéh, Señor nuestro,

qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,

en boca de los niños, los que aún maman,

dispones baluarte frente a tus adversarios...

Al ver tu cielo, hechura de tus dedos,

la luna y las estrellas que fijaste Tú,

¿qué es el hombre para que de él te acuerdes;

el hijo de Adán para que de él te cuides?

Le hiciste señor de las obras de tus manos...”

 

2.- Trelles revisa la lista de sus fundaciones

 

En 1885, Trelles pasó revista a las fundaciones realizadas a la sombra de La Lámpara del Santuario: el Centro Eucarístico, la Adoración Nocturna y las Camareras de Jesús Sacramentado y pidió ayuda a los lectores para:

 

- dar gracias a Dios por las obras realizadas

·       .- seguir difundiéndolas

·      -- ser perdonado por las incorrecciones y retrasos de la Revista, de los que él era único responsable.

 

Una vez más, proclamó que la Revista tenía como único objetivo a Jesús Sacramentado.

 

En 1888, Trelles confesó que, en grandes periodos, fue una sola persona quien hacía todo en la Revista. Repasó la lista de las fundaciones en un claro alegato que refutaba, por anticipado, el informe que Caparrós presentaría a fin de año al Obispo, y que corroboraron los demás miembros del Centro Eucarístico.

 

En 1889, Trelles volvió a insistir en el aislamiento que sufría en Madrid; proclamaba que sólo a Dios debía la perseverancia y lo poco bueno y bien escrito que hubiera en la Revista; se atribuía las faltas, pero también la buena intención: había fundado la Revista para aumentar la devoción a Jesús Sacramentado, y así continuaría mientras Dios le diera vida y los lectores cooperaran con él para que no le faltaran medios.

 

En 1890, último año completo de la publicación, Trelles mostraba su agradecimiento profundo porque un hombre solo, con tan escasas cualidades y con cuatro amigos, que no siguieron, fomentó durante 20 años el culto eucarístico en España.  El libro de Sagette le había iniciado en la labor al principio de la década de 1860; era su docto maestro, amigo y colega en el movimiento de propaganda eucarística. En los últimos 20 años, se había dedicado asiduamente a su formación teológica. Pasó revista a su labor de fundador: el Culto Continuo, la Revista, el Centro Eucarístico de Madrid, las Camareras de Jesús Sacramentado, y esperaba seguir fundando otras.

 

En enero de 1891, ya a unos meses de su muerte, daba cuenta y agradecía la bendición que le había enviado León XIII. Mostraba el más profundo agradecimiento a Dios, ya que había podido seguir durante 22 años en la publicación de la primera revista eucarística, que propagaba el fuego de Jesús Sacramentado. Su labor fue desinteresada, pero onerosa para él.

De nuevo le asaltó el presagio de su cercana muerte [acertando esta vez]: “Terminaremos nuestra vida, que toca ya a su ocaso, perseverando hasta el fin, en la misma línea de conducta y dispuestos a acatar las órdenes de los que gobiernan la Iglesia.”

La Jerarquía había expresado el deseo de unificar[3] todas las asociaciones eucarísticas. Temiendo estorbar esa decisión con la Revista [y con la dirección efectiva que conservaba de las fundaciones, excepto Madrid y Alicante], consultó a insignes maestros de la fe (obispos), pero todos le habían animado a proseguir con su labor. “El fruto y las flores del campo no pertenecen al bracero o agricultor, sino al dueño de la tierra; con mayor razón en el terreno espiritual [ver 1 Co 3, 7].” Trelles siempre sometió cada nueva fundación a su obispo diocesano.

 

Publicó, una nueva lista —la última— de las recientes fundaciones, desde enero de 1890.

 

Respecto a sus fundaciones, resulta conmovedor el siguiente pasaje tomado del acta de la Junta General de la Sección Adoradora Nocturna de Zaragoza (ver LS, segunda época, año 1892, tomo XXIII, p. 398):

 

“En la reunión, todos hallaban un no sé qué de menos, y esto era el no oír la voz del fundador, Sr. D. Luis de Trelles que, desde la instalación de esta Sección, todos los años, a todos conmovía con sus improvisados y elocuentes discursos. Que, aunque había muerto, sin embargo, vivía en el cielo y en la mente de todos los Adoradores y Camareras de Jesús Sacramentado, y en los corazones de los adoradores de la ciudad de María, porque esta Sección era la de su predilección... Que se habían hecho los sufragios de reglamento por los socios fallecidos... aplicando seis Misas por el fundador, Sr. D. Luis de Trelles... Que, después de todo esto, el Sr. D. Mariano Oliver, presidente de la Sección, leyó un bien meditado discurso, haciendo mérito de las virtudes y sacrificios del Sr. D. Luis de Trelles, en la organización de su grande Obra Eucarística y su grande amor a Jesús Sacramentado, aduciendo las profundidades de la teología, para conocer la importancia de las riquezas que se ocultan en la Presencia Real de Jesucristo en el Sacramento.

 

Y, por último, el Eminentísimo Sr. Cardenal Presidente, (...) cerró este solemne acto con un elocuente discurso, principiando de esta manera: «Queridos hijos: ... tampoco me puedo presentar indiferente a los documentos que se acaban de leer, en los que ponéis de manifiesto las brillantes cualidades que resplandecían en el fundador, Sr. D. Luis de Trelles, y el sentimiento natural que demostráis por su irreparable pérdida... » Y continuó diciendo que ya que se eche de menos el ejemplo, empleemos al menos las palabras, para encarecer la importancia y contribuir a la mejora siempre creciente de los actos de la Adoración, encomiando a los adoradores el ópimo[4] fruto que podían sacar, para el bien de la Iglesia y gloria de Dios.” (Firma el Secretario, José M.ª Casasbellas). Sigue una nota de la Redacción de la Revista: “El Centro Eucarístico de Madrid se felicita por el próspero estado que alcanza la Sección de Zaragoza, obra predilecta de nuestro inolvidable Presidente Sr. Trelles (q. e. p. d.).”


[1] Lc 19, 49.

[2] Panorama frecuente en el NW. de la Península.

[3] Propósito que se ha completado en la primera década del siglo XXI.

[4] Léase abundante.

ESPLENDOR DIVINO

 

DE

 

LA LUZ EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EL EVANGELIO DE SAN JUAN

 

 

1.           Alegoría general

 

San Gregorio, al comentar la aparición de los ángeles a los pastores en la noche de la Natividad, identificaba la noche con el mundo; la grey, con el pueblo; y los pastores, con los sacerdotes.

San Agustín y Alápide, en el fiat lux (Gn 1, 3) y lumen de lumine (Hb 1, 3), comprenden que “el Verbo es el esplendor de la gloria del Padre y figura de su sustancia”, por lo que es muy apropiada la metáfora de la luz (considerada casi inmaterial con los conocimientos de esa época).

La lamparita del sagrario es figura de la Trinidad y testimonio de la Iglesia militante que acompaña a J. S. La propia luz representa al Padre que, con su poder, genera la vida; sus rayos representan al Hijo, que nos alumbra como Sabiduría; su calor representa al Espíritu Santo, cuyo amor nos calienta, transforma y consolida.

La luz de la lamparita del sagrario es metáfora del Dios vivo, porque vive, luce y, multiplicándose en otras sin mermar (Lumen Indeficiens), difunde la vida.

Dios Trino es Luz, su imagen predilecta es la luz y sus resplandores son las obras del Verbo, la Creación; en ella, lo primero fue exhibir la luz en las tinieblas. Por ella se midieron ya los días de la Creación. Tras el Diluvio, la reverberación del Arco Iris restableció la Alianza de Dios con los hombres; en numerosas ocasiones, volvió a manifestarse Dios al hombre, más o menos abiertamente, con la luz; hasta que, en la plenitud de los tiempos, la misma Luz, el Sol que nace de lo alto, se presentó entre nosotros (Jn 8, 12). Hasta la Ascensión; pero ahora se mantiene, aunque velado, en el Sagrario, donde su calor continúa sus obras en cada creyente, individualmente.  

San Dionisio cita 34 propiedades del fuego-luz, congruentes con Dios (parece viva, se replica sin pérdida...). Se ve en el Padre la sustancia de la Luz; en el Hijo, el esplendor de la Luz y, en el Espíritu Santo, el calor de la misma.

En 1 Tim 6, 16, se lee que solo Dios es inmortal y habita una luz inaccesible, que ningún hombre vio, ni puede ver: que a Él le sea reconocido el honor y el imperio eterno. Los comentaristas identifican a Dios mismo con esa Luz, fuente de toda otra luz, claridad, conocimiento y gloria.

En el fuego tuvo origen nuestro mundo y, con el fuego, se anuncia la vida eucarística de Jesús, como sacrificio perenne.

La Trinidad se simboliza bien con el fuego: el Padre, su origen; con la luz, el Verbo, su revelación en la tierra, y con el calor, el Espíritu Santo, el amor nocional, pues siempre se consideró el amor como un calor. También simboliza al Espíritu Santo por ser fuego, una energía potente, que transforma las materias; es buena amiga, pero terrible enemiga; con su claridad es guía entre las tinieblas y refugio con su calor en el frío; nunca se halla ociosa, es pura, sin mezcla; aumenta cuando se comunica; incluso calienta el agua, que siempre se le opone (como Dios, que hace bien incluso a sus enemigos).

Un himno de Laudes llama al Verbo “esplendor de la gloria del Padre, Luz de Luz, Fuente de lumbre, día que alumbra al día.”

El Salmo 96, 2 dice de Dios que, en su entorno, hay oscuridad; pero más adelante, versículo 11, dice que es luz para el justo. El hombre no puede ver esa Luz, pero le alumbra con su Providencia y misericordia, cuando obedece a Dios; su Gracia busca al hombre y le favorece, apenas el pecador se vuelve hacia Dios. Gracia y luz se equiparan. Jn 8, 12: “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá lumbre de vida.”

Trelles estableció la analogía de la luz con la gracia: la luz nos asedia e invade con suavidad por todas partes, a no ser que nos esforcemos en impedirle el paso; por el contrario, las tinieblas o la pérdida de la gracia desazonan.

El fuego y la luz son figuras

·                   del alma humana: pálida ante Dios, pero eficiente;

·                   de Dios mismo

- en el Antiguo Testamento: la zarza ardiente, la nube luminosa, el candelero de Moisés ante el Arca o el de Salomón;

- en el Nuevo Testamento: el fuego pascual y la lamparita ante Jesús Sacramentado.

 

En 1880, Trelles repasó algunas menciones de la luz en la Biblia: 2 P 1, 19: “La antorcha que resplandece en lugar tenebroso, hasta que el día esclarezca y el lucero nazca en nuestros corazones.” Ya se había cumplido en Jesús Sacramentado, en espera de que brotara la centella del amor, mediante la adoración, y la comunión nos alcanzara la vida de Dios. 

2.           La metáfora Dios-Luz: revelación de su Presencia

      Dios, tal vez antes del tiempo, creó los ángeles, y la vida eterna (Salmo 35, 10: “En tu Luz, veremos la Luz”). 

Trelles se adhirió a los que consideraban la creación súbita de la materia, que luego fue diversificando, ordenando y evolucionando (en 1870, Trelles citó la obra de Darwin).

Apenas creada la materia, hizo aparecer la luz desde las tinieblas: en Gn 1, 3, dice que fue formada, salida de las tinieblas de la materia, en el primer día (Alápide), e hizo visible la Creación. Por la luz, fueron posibles los sacrificios (luz-fuego=lumbre); 1500 años a. C., fue profetizada la Estrella de Jacob (véase en Nm 22, 23-24), que guio a los Magos, hasta donde estaba Jesús nacido (Mt 2).

La luz tiene unas cualidades excepcionales: se difunde sin agotarse en reflexiones, refracciones y comunicaciones; tiene como una mancomunidad de vida con su origen y sus difusiones; cada difusión es origen de otras.

En la Biblia, Dios se valió siempre de la luz como signo de su Presencia:

·                  En toda la Biblia, la luz es signo de la vida eterna de Dios: desde Gn 1, 3, hasta Ap 22, 16. En Ex 25, 31, se entretiene morosamente en fijar las características del Candelabro del Templo (fue una alegoría de la lucecita del Sagrario: lo mandó situar en presencia del Señor, y lo llamó luz perpetua).

·                  Es figura del Verbo: es Luz Indeficiente o sustancia, (Jn 1, 9) y el Credo de Constantinopla lo profesa Luz de Luz, engendrado, consustancial al Padre; establece analogía entre la luz y el Padre con el Hijo; irradiación del rostro de Dios (Sal 4, 7); Luz para ver la Luz o vida beatífica (Sal 35, 20).

Toda la Trinidad es fuego-luz: el Padre es la Luz Indeficiente; el Verbo, su resplandor sustancial y el Espíritu Santo es fuego de caridad y se manifestó en llamas. Ya que Dios utilizó como signo de su Presencia la luz, la Ley Mosaica y la Iglesia siguieron haciéndolo.

La lámpara del sagrario es testigo y enseña de la Presencia de Jesús Sacramentado, Luz que alumbra a todo hombre que llega al mundo. En medio de la oscuridad de los siglos, señala la única senda que guía a la bienaventuranza (San Gregorio), como el faro señala el derrotero que guía al puerto.

El alma humana, aposentada en barro, puede subir al cielo y vivir allí eternamente en presencia de Dios, porque es imagen del Verbo encarnado en Jesús, y luego nuevamente reducido bajo los accidentes eucarísticos.

La luz es figura de los coros de ángeles (Beda y Agustín).

Es igualmente figura de los Apóstoles y sacerdotes.

Pablo la compara a la gracia que ilumina al alma, y Agustín la llama signo de sabiduría.

La Luz tiene un sentido místico:

·                  Con la luz en la mano se recibe al neófito en la Iglesia, y se le despide al morir.

·                  En el Viernes Santo, se apagaban las luces (según la liturgia de antes del Concilio Vaticano II), y en la Vigilia Pascual se inicia una lumbre nueva.

 

3.           La metáfora Jesús Sacramentado-lamparita del sagrario: testigo de la Presencia y representante de los devotos 

Trelles planteó la analogía de la luz con la vida de Jesús Sacramentado, según la Escritura: el alma de toda lámpara es un punto ígneo, que da calor y luz, y los comunica indefinidamente a cualquier objeto combustible que se acerque.

Dios habita una Luz inaccesible, cuyo esplendor es el Verbo, fuente de toda luz, como espejo del Padre. Estos atributos los conserva tras la Encarnación y en su vida sacramental.

Es un Dios velado, pero no inactivo ni indiferente al hombre: su único propósito es dispensar los cuidados de su Providencia a quienes le buscan y le reciben. Los ojos humanos no ven los rayos de la Luz divina, pero sí su espíritu; también las virtudes, como su caridad. 

Jn 1, 5: “Dios es Luz y no hay en Él ninguna tiniebla.”

Jn 1, 4: “En Él estaba la vida, que era la Luz de los hombres.”

Jn 9, 5: “Mientras estoy en el mundo, soy la Luz del mundo.”

Jn 3, 19: “Vino la Luz al mundo, pero los hombres amaron más a las

            tinieblas, porque sus obras eran malas.”

Ef 5, 8: “Fuisteis algún tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el

            Señor: andad como hijos de la Luz.” 

Ritos de la luz nueva en la Vigilia Pascual (en ella, Trelles situó el origen y el simbolismo de la lámpara del sagrario):

·                               Se pide a Dios que la bendiga para que los cristianos allí reunidos sean alumbrados y enardecidos en el fuego de su claridad contra los enemigos, desterrando la malicia diabólica.

·                               Que ese fuego nos inflame en deseos celestiales, hasta poseer la Luz eterna.

·                               Durante todo el día se felicita a la tierra, bañada en tal resplandor por la Presencia de Jesús, una vez disipadas las tinieblas del pecado. 

 La piedra angular de la Iglesia es Cristo, que vino al mundo para fundamentar su Iglesia, uniendo en su Persona el Verbo con la humanidad.

Al encarnarse, el Verbo trajo la Luz a la tierra para los hombres.

De la Luz divina, se pasa, por analogía, a la luz material; de la Luz del Verbo, a la luz sacramental (sacada de la chispa del pedernal), testigo mudo de la Presencia de Jesús Sacramentado.

Por ello, la piedra de la que sale el fuego-luz nueva en la Vigilia Pascual es figura de Cristo.

Trelles hizo referencia a los siguientes textos: 

·                               Sal 118 (117), 22: Cristo es la piedra desechada por los constructores que llegó a ser la piedra angular.

·                               Ap 21, 14: en las doce hiladas de piedra de la Nueva Jerusalén estaban escritos los nombres de los Doce Apóstoles.

·                               Ef 2, 20-21: La piedra angular es Cristo y, sobre el fundamento de los Apóstoles, sois edificados para morada de Dios.

·                               Ap 21, 2 y 10-27: La Nueva Jerusalén celestial es la Iglesia.

·                               Jn 1, 1-14: El Verbo es la Luz de Vida, que se comunica a los hombres mediante la Eucaristía; luce en las tinieblas, que no la comprendieron; que vino a los suyos y no lo recibieron, pero a los que le recibieron les dio potestad de hacer hijos de Dios a los que creen en su nombre.

 Es muy digno de meditación observar que, al estar presente sustancialmente el Verbo en el sagrario, la luz ya no necesita ser más que una humilde lamparita; dulcificada como tibia luminosidad del misericordioso, según San Pablo. Trelles escribió: “Jesús está oculto en las especies; la lamparita lo anuncia. ¿Quién no se sobrecoge de asombro y devoción-vocación-contrición-gratitud-amor, al ver la luz parpadeante ante el sagrario, estando dentro del templo oscuro y solitario o al pasar por la calle?” Es una clara motivación de lo innecesario que es un culto estruendoso, para ser digno de Jesús Sacramentado; como el culto que Trelles rechazaba en esos años, por inadecuado para la Adoración Nocturna. Se apoyaba en que la Liturgia así lo consideraba; que la modesta simplicidad de la lamparita no era una simple medida económica. Si Jesús se veló en un trozo de pan, su heraldo bien podía ser una simple mariposa.   

La lamparita avisa de la presencia de Jesús Sacramentado, pero también es figura de su actividad con su tenue círculo luminoso; así como de la acción del hombre virtuoso, como ejemplo para los que le rodean.

La consunción de la víctima en el holocausto se representa en la lamparita perfectamente; cuando el hombre se resigna con la voluntad divina, se inmola a Dios en su presencia: el fuego es el amor de Dios, la luz es el esplendor del buen ejemplo, el sacerdote es la propia voluntad. Así en la oración vocal como en la mental (meditación). La llama del holocausto sube al Cielo unida a la de la inmolación de Jesús Sacramentado en el sagrario.

Dios se complace en significar grandes portentos con signos pequeños; por eso Santo Tomás de Aquino exclamó con el salmista: “No hay otra nación tan grande que tenga a su Dios tan cerca de sí, como lo está nuestro Dios.” Y no se refería tan sólo a distancias. La consecuencia es clara: imitemos a la lamparita sacramental, con nuestra alma encendida y consumiéndose ante el sagrario por amor a Jesús Sacramentado. Meditemos las maravillas que se operan en la Hostia.  

Desde la Luz inaccesible hasta la lucecita sacramental hay abismos que salvaron la Encarnación y la Consagración Eucarística, para comunicarse reservadamente a las almas sencillas. 

                                 Linajes altos y bajos,

                                 el amor todo lo allana,

                                 el Rey casa con villana,

                                 villana y bien harta de ajos.

                                 Ved de amor los altibajos,

                                 que asiente Dios en su silla

                                 ¡a una labradorcilla! 

                                 .........................el desposado,

                                 que es muy rico y muy honrado,

                                 y ella vil y pobrecilla.

                                 ¡Dichosa labradorcilla!

                                                                [LS, 1880, p. 392]. 

La lamparita es su signo, su testigo y su imagen que le precede. Cuando el católico ferviente mira su luz, en el templo o desde la calle, trae a su memoria y saluda al Huésped del Sagrario.

La lamparita del sagrario fulgura calladamente, rodeada de las tinieblas de la noche; el alma del justo es una antorcha encendida por la Presencia de Dios, que se simboliza por la luz; la Presencia de Jesús Sacramentado, por la misma razón, se simboliza con una lamparita colgada del techo ante el sagrario: 

Sal 75, 5: “Eres resplandeciente y majestuoso, más que los montes

                eternos.”

Sal    26, 1: “Yahvéh es mi luz y mi salvación.”

Sal   17, 29: “Pues Tú haces lucir mi lámpara, Tú iluminas mis

                tinieblas.”

 

Sal  12, 4: “Yahvéh, alumbra mis ojos, que no me duerma en la

                 muerte.”               

 

Sal   138, 11 y 12: “Las tinieblas me envuelven; sea la noche luz en

                 torno mío. Las tinieblas no son oscuras para Ti: la noche

                 luciría como el día; las tinieblas son luz para Ti.”

 

Ap 21, 23: “La ciudad no necesitaba sol ni luna, porque la gloria de

                 Dios la iluminaba y su lumbrera era el Cordero.”

 

Sal 33, 6: “Volveos (acercaos) todos a Él y seréis iluminados, y

               vuestros rostros no serán confundidos.”

 

¿Por qué siempre el símbolo de la luz? Alápide, comentando Jn 1, 7, distingue la luz como causa y la lumbre como su efecto. La lamparita es una llama oscilante, por lo que recuerda la vida; así perpetúa el propósito del que la enciende. La lámpara del sagrario se halla suspendida ante él, como el Verbo se unió a su humanidad, que es la lámpara de la Luz Indeficiente (ver salmos 18 y 88; Is: “El Pueblo que andaba en las tinieblas vio una Luz grande...”).

 

La lamparita:

·                               “no es la Luz”, sino que da testimonio fiel del Verbo que existía y obraba antes de la Creación, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento;

 

·                               “se mantiene” para nosotros como anuncio metafórico de Jesús Sacramentado;

 

·                               “invita” a la Comunión y a la visita. Jesús Sacramentado es prenda y garantía de la vida eterna (“Vivo, pero ya no yo, sino Cristo vive en mí”).

 

Trelles rogó una oración a los lectores para que pudiera desenvolver durante el año 1875 estas ideas (las de perpetuar la adoración entre la diurna y la nocturna, que ya estaba tanteando en vigilias de prueba; esta alusión ya la había hecho en el primer artículo). 

 

4.           La metáfora lamparita del sagrario-Revista:

 

En el año 1884, Trelles inició la práctica de la lectura meditada en las vigilias de Adoración Nocturna —ver LS 1884, pp. 182-193—, y ya el primer artículo-prospecto fue una reflexión acerca de las analogías entre la Luz, la lamparita del sagrario y la Revista, sobre textos del Cantar de los Cantares (ver Ct 8, 6).

El Verbo fue revelado (sustancialmente) por Jesús, que se mantiene para nosotros como Jesús Sacramentado; anunciado (metafórica y veladamente) por la lamparita del sagrario y por la REVISTA que difunde el amor a Jesús Sacramentado, amor practicado en la comunión frecuente y en la visita al sagrario (propia del espíritu cristiano).

La inaccesibilidad de la Luz de Dios se cumple para los sentidos en la Hostia; incluso la humanidad de Jesús nos queda velada. Pero allí se nos revela y entrega en la Comunión. Es que no se nos había ocultado, sino velado; para templarse y podernos conducir delicadamente por la fe, la prudencia y la sabiduría cristiana hasta la luz de la gloria. La fe es antorcha que alumbra entre los vicios y errores del mundo (Prov 4, 19: “Pero el camino de los impíos es tenebroso”). La fe nos guía sin tropiezo mundanal hasta conocer el camino de la bienaventuranza.

En Jn 1, 9 hallamos: “Cristo es aquella verdadera Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.” Es la Luz original: así como el Universo y los seres que lo pueblan son seres por analogía o por participación con el Único Ser, las luces son iluminación  por analogía o por participación con el Verbo.

Cristo es la Luz del mundo porque su doctrina es la fe verdadera. Cristo llamaba verdadero a lo que es perfecto o completo en sí mismo: por eso se llamó frecuentemente a sí mismo verdadero pan, verdadera Luz, verdadera vid...

Cristo es Luz verdadera que difunde su lumbre a todo hombre que viene a este mundo: tanto como Jesús de Nazaret, como Jesús Sacramentado; la Comunión de su Cuerpo nos la comunica. En cambio, el Bautista o cualquier otro Santo difunden su luz en un lugar y un tiempo determinado, y a unos hombres particulares, y sin iluminar su interior. Cristo es verdad de ser, de entendimiento, de palabra y de obra. Como dijo Cicerón: “La fuerza de la verdad se defiende de las industrias, habilidades y sutilezas de los hombres, y de la malicia de todos.”

 

Trelles repasó algunas menciones de la luz en la Biblia:

 

·                               2 P 1, 19: “La antorcha que resplandece en lugar tenebroso hasta que el día esclarezca y el lucero nazca en nuestros corazones”: esto ya se había cumplido en Jesús, en espera de que la centella del amor brotara en la adoración, y la vida de Dios nos alcanzara en la comunión.

·                               La Revista también es una pálida luz que avisa al lector de la Presencia real de Cristo entre los hombres y de que está intercediendo por nosotros ante el Padre.

·                                La Revista, como metáfora de esa Luz, rehace y fomenta la gracia, por la difusión de la meditación y de la Comunión.

 

La lamparita del sagrario denota la Presencia del Verbo, como la humanidad de Jesús hospeda al Verbo: arde la lumbre en un vaso de tierra, como el Verbo en la humanidad.

En la iglesia, la lamparita avisa de la Presencia, testimonia su amor permanente, le da culto y atestigua nuestro amor; pero también nos acusa de ingratitud y descuido o ausencia; nos recuerda la vida eterna, que nos ofrece. Lo mismo hacía la Revista de Trelles, con su interés periodístico, consagrado a la gloria de Jesús Sacramentado.

 

 

  La lamparita se halla más próxima a la Revista, que a J. S., pues se mantiene en el exterior del hombre, excepto en cuanto que excita la memoria.

 

·                               Las rúbricas exigen una lamparita suspendida ante el Sagrario, y la Revista procura prolongar su radio de acción entre los lectores con la misma finalidad: ser señuelo de J. S. para los adoradores.

 

·                                En Prov 6, 23 leemos: “El mandamiento es antorcha y la Ley, Luz.”

·                                En Sal 119 (118), 105: “Tu palabra es lumbrera para mis pies y luz para mis sendas.”

·                               En Sal 119 (118), 130: “La explicación de tus palabras ilumina y da inteligencia a los sencillos.” (Es la interpretación de la Iglesia, porque la Escritura señala la Palabra de Dios oscuramente, como la lamparita señala la Presencia de J. S. velado por las especies). 

 

La lamparita consume oxígeno, como los seres vivos, y acusa a los indiferentes, que ven su luz por las ventanas de la iglesia, pero sin hacerle caso. ¡Que los adoradores la atiendan! 

 

La luz tibia y oscilante significa la humanidad del Verbo, y la hostia es pan para sustento de los hombres, hasta alcanzar la cumbre del monte santo, donde habita la Luz increada e indeficiente. Ante el sagrario, persiste el símbolo expresivo y modesto: la lucecita, pequeña y parpadeante, que advierte de la Real Presencia. La lámpara del sagrario se halla suspendida ante él, como el Verbo se unió a su humanidad, que es la lámpara de la Luz Indeficiente.

 

Tanto la lamparita del sagrario como la Revista son luz: la Revista es figura de la lamparita del sagrario. Según el Evangelio, el cristiano debe ir “de luz en Luz”: desde el testimonio de la lamparita o de la Revista, hasta la verdadera Luz, el Verbo. Y debe ir   por el anuncio de la luz terrena de la lamparita o de la campana que nos recuerdan que Dios nos ama y nos guarda con sus méritos presentes ante el Padre:

 

                     Dulce tañido de la campana,

                     mezcla con los perfumes de mis flores,

                     tu voz que canta y pregona

                     que nunca se separa de nosotros.

                     Porque nos prefiere

                     al sol, a la flor, a todo.

                     Y dice el mundo: mi Dios.

                     Y decimos nosotros: Padre mío.

                     Y a todos reparte beneficios,

                     y a mí su amor.

                                                        [LS 1882, pp. 391-392]

 

o                                                     Y por la publicación de la Revista: el amor a Jesús Sacramentado se difunde como espíritu cristiano y se practica en la Comunión frecuente y en la visita a Jesús Sacramentado en el sagrario; en cambio, la Revista actúa en todo el interior mismo del lector, por cuanto lo hace sobre su razón, su imaginación, sus sentimientos y también su memoria (a través del contacto por la vista). La Revista cumple la misma misión que la lamparita, pero fuera del templo, y procura encender los corazones en amor a Jesús Sacramentado.

 

El editor, los escritores (redactores fijos y colaboradores), suscriptores y lectores ocasionales u oyentes, más los asociados al Culto Continuo, forman un Cuerpo Místico cuya Cabeza es J. S., oculto en las especies, pero activo apasionadamente por la salvación de los hombres con la Comunión y en la vida seglar.

 

Sobre ello, hay que reflexionar antes, en y después de la Comunión, o en la visita a Jesús Sacramentado, como renuevos de olivo en torno al sagrario.

 

 NOTA: Es la segunda vez que Trelles proclamó ser fundador, no de grupos sin estructura, de simples amigos o conocidos, o de grupos coordinados sólo por una devoción común, sino de asociaciones estructuradas (cuerpos) y de carácter místico (espiritual), cuya cabeza era Jesús Sacramentado. Ya al Centro Eucarístico lo llamó congregación de hombres piadosos con una espiritualidad propia (eucarística). 

 

Ante el Sagrario, persiste su símbolo expresivo y modesto: la lucecita, pequeña y parpadeante, que advierte de la Real Presencia. Se hace eco de ella el humilde escritor devoto que, como San Pablo, arguye, insta oportuna e inoportunamente, ruega, increpa, predica, catequiza, exhorta; refiere y lleva a la publicidad el secreto de su oración o lo que Dios le inspiró para encender el fuego en los corazones.

Los tiempos son borrascosos para estas obras de Dios, pero ¡firmes! los hombres que comulgáis, oráis y adoráis, que mucho vale la oración asidua del justo. La Revista pretende hacer lo mismo para que se extienda el culto a Jesús Sacramentado; la comunión preparada y agradecida, y la adoración; y publicar el amor de Jesús Sacramentado al hombre. De la lamparita a la Revista y, de ésta, a Jesús Sacramentado. La Revista debe encender los corazones en amor a Jesús Sacramentado.

La luz es:

 

—nombre y metáfora de los seres espirituales: uno de los primeros ángeles llevó ese nombre; el Prefacio de Navidad dice: “Por la visión de Jesús somos arrebatados al amor de lo invisible”, porque Dios es Luz, revelada por la Encarnación y la Eucaristía.

 

—indispensable para todos los seres naturales, por ser fuente de energía para los inanimados y para los animados. Y fuente de comunicación para los animados; la luz natural es medio indispensable para las operaciones del hombre: por ella nos ponemos en relación con los objetos externos; nos comunicamos con la Creación y penetramos con la razón en el interior de las cosas y de nosotros mismos.

 

Como el Sacramento se empezó a celebrar de noche, la Iglesia tuvo que atribuirle a la luz un papel fundamental; después de alcanzar la libertad de culto, siglo IV, dispuso mantener una luz ante el Sacramento, aunque ya se celebraba de día, para atraer a los fieles hasta el sagrario. La Revista se propuso hacer lo mismo que la lamparita, extendiendo la acción de aquélla fuera del templo y de los círculos de fieles, atrayendo hacia el Sagrario a cuantos pudiera: ése es el motivo de las quejas de Trelles por el estancamiento del número de suscriptores y del aislamiento a que le sometían.

 

Analógicamente, a la Luz de Cristo, asimilamos los objetos-verdades del orden espiritual. Por ello, la luz es el elemento natural más adecuado y adaptado a los misterios de la vida sacramental: aquí cierra Trelles toda interpretación causal del título de la novela de Wiseman coincidiendo con el nombre de la Revista: la misión de la Revista le obligó a adoptar precisamente ese nombre. Tomó en la Revista el nombre de la lamparita del sagrario, para expresar que quería emularla. 

La lucecita del sagrario prestó su nombre a la Revista y Trelles consagró su corazón a Jesús Sacramentado: acudía al sagrario en busca de amparo, y esperando que su Luz le guiara como editor, deseando contribuir modestamente a la gloria externa de Jesús Sacramentado, que es el bien de los lectores.

 

5.- Trelles fundador, formador, coordinador, y asistencia de los suscriptores y lectores (fines, contenidos...)

 

A.- TRELLES FUNDADOR Y FORMADOR.

 

Trelles se atribuye ser fundador, no de grupos inestructurados de amigos, sino de asociaciones estructuradas (cuerpos) y de carácter místico (espirituales), cuya cabeza es Jesús Sacramentado. Ya al Centro Eucarístico lo llamó congregación de hombres piadosos con una espiritualidad propia (eucarística). 

 

En 1873 adopta un nuevo lema: “Alma mía: fuge... tace... quiesce; olvídalo todo, calla y reposa en tu Dios.”

Trelles inicia esa labor con un acto de fe: proclama el credo, prolongado con la fe en la Eucaristía; y con un acto de humildad: proclama que él y los pocos redactores o colaboradores son modestos obreros de la Eucaristía. Como en la parábola de la dracma perdida, la Piedad Divina busca al pecador en la noche del siglo.

S. Agustín: “La humanidad de Jesús es corcel, medio rápido de transporte, que nos lleva al Verbo (divinidad).”

S. Bernardo: prefiere saborear el Verbo Sabiduría, Justicia, Verdad, Bondad, antes que la humanidad (cfr. POEMAS, n.º 2, versos 37 a 46: la campana nos recuerda que no es necesario haber estado en Palestina hace 2000 años).

Cerrando los ojos corporales y abriendo los del alma, a Trelles le parecía verse delante del tabernáculo con su lucerna en la mano trémula de emoción, ofreciendo a Jesucristo perseverar en la imperfecta obra, para llamar la atención de los que pasasen distraídos ante el sagrario, sin mirar siquiera hacia su Huésped ni dirigirle, al menos, una jaculatoria de amor.

Rogaba que la Revista atrajera y comunicara a los lectores una chispa de amor divino; aunque fuera una humilde luciérnaga en la noche del siglo; que Dios le otorgara la dicha de que sus queridos lectores recorrieran animosos la senda que garantiza la bienaventuranza por la Comunión. Que la Revista sugiriera algunos pensamientos adecuados a la preparación de la Comunión, y al agradecimiento con más fervor del habitual; así se sacarían frutos de perfección, de amor ardiente y esplendoroso a Dios, augurio de la Comunión de la eterna gloria.  

El cristiano debe ir “de luz en Luz”: de la humanidad de Jesús a su esencia el Verbo, la Persona por la que hay que ir al Padre.

El hombre en gracia debe corresponder en la Comunión sacramental, la comunión espiritual y, siguiendo la Comunión de los Santos, con la práctica de la adoración sacramental (diurna y nocturna).

Jesús Sacramentado está oculto en las especies, pero activo apasionadamente por la salvación de los hombres con la Comunión y la vida seglar. Sobre ello, hay que reflexionar antes, en y después de la Comunión o la visita a Jesús Sacramentado, como renuevos de olivo en torno al sagrario.

Toda luz procede del Verbo: la Luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Trelles añoraba el sagrario con su lamparita, como Pedro, la luz suave del Tabor: en su fantasía poética, consideraba a la lamparita otro ser viviente que interpelaba a los hombres; y Trelles tuvo una frase sensata para terminar su ensoñación, tal como Pedro propuso hacer tres tiendas. Pero, además, era realista: el hombre no está allí; deja solo a Jesús Sacramentado, porque la Adoración Nocturna no prende entre los fieles. El pecador, el criminal, el señor de alta posición social, el político... todos trasnochan, pero nadie se ocupa de acompañar a Jesús Sacramentado; tan sólo la lamparita. No están por el sacrificio ni de una noche al mes, mientras Jesús Sacramentado intercede ante el Padre todas las noches y días. Se apaga la lamparita, pero no el amor de Jesús Sacramentado.

¡Haced que se establezca en todo el mundo la Adoración Nocturna! ¡Con una docena de hombres de buena voluntad...! En ciudades y aldeas: ocho hombres, una hora, de una noche al mes... La lamparita se vería acompañada por la insustituible fe del adorador en su tarea de dar testimonio de la vida de Jesús Sacramentado en el sagrario, y Jesús Sacramentado estaría acompañado en su oración al Padre por la Humanidad, con la meditación de súplica y de acción de gracias. 

¡Guardia!, ¿Qué novedades hay de la noche? La vida es un plazo para merecer la eternidad; Jesús Sacramentado no duerme e intercede ante el Padre por todos los hombres. Pero éstos no unen su plegaria a la de Jesús Sacramentado, aplicando su sangre en expiación de las culpas. ¡Tantos se alejan voluntariamente de esa llamada de Jesús Sacramentado!

El hombre que medita, percibe toda la fealdad del pecado y formula el propósito firme de no pecar: la Sangre de Cristo, por su mérito y misericordia, le admite nuevamente, rebosando en deseos de entregarse todo entero, con sus méritos, al hijo de Adán.

Pero no se puede ser comensal de la mesa de Dios y de la de los demonios simultáneamente (1 Co 10, 21). Mientras vivimos, hay tiempo para convertirse, pero nadie sabe cuándo termina el plazo; la caridad de Cristo nos apremia. Si desaparecieran los velos sacramentales, no habría corazón que pudiera resistirse a la gracia... pero carecería de mérito, sin libertad. Si el hombre escudriña su conciencia al resplandor de la lamparita del sagrario, veríamos la iniquidad oculta y el camino seguro a la Bienaventuranza con el auxilio de Jesús Sacramentado; si despertamos los gérmenes de la fe viva del corazón del hombre, correrá por los senderos de la virtud para llegar felizmente al monte santo de la celestial Jerusalén.

La lamparita nos confirma las inagotables misericordias de Jesús Sacramentado, y su deseo de hacer la jornada con nosotros.

El amor es causa del celo: el fuego divino que el Verbo trajo al mundo, se comunica sin merma, e incendia los corazones humanos, particularmente el de los Santos.

El amor divino no esquiva nuestra solicitud, sino que busca la manera de penetrar sin violencia en los corazones, y nos asedia; así  ocurre en la Comunión.

Si los ojos pudieran ver los efectos de la Comunión recibida con humildad y contrición, comprenderíamos el don de Dios, que asume y transforma al bien dispuesto comulgante, de modo que ya vive en Él, y Él en el comulgante.

¿Por qué tantas comuniones frías que apenas cambian a quien le recibe? Consiste en nosotros, por nuestra malicia e ingratitud. Hay algo de natural en que el corazón ocupado en los amores terrenales, no pueda asimilarse los frutos de la vida espiritual: cesó el maná, cuando los israelitas ya pudieron comer los frutos de la tierra. Cuando los católicos se acercan a la Comunión contritos y con sed ardiente de los favores que brinda el Señor, sus corazones se encienden en el fuego que Jesús trajo a la tierra; y despedirán llamas de caridad. El amor enciende el orbe: las llamas que iluminan el entendimiento, irradian de la luminaria del Espíritu Santo y se transmiten a los demás, atrayéndolos con su ejemplo.

Bajo la Hostia se oculta una centella de amor divino, que vence las pasiones humanas de quienes la reciben con fe, humildad y contrición.

El amor de Dios tiene un procedimiento especial, que sólo lo comprenden los que le aman, y rehuye cuidadosamente toda fastuosidad externa; el silencio es su idioma. El amor que se impone por la grandeza, el brillo, la fastuosidad y el ruido es un amor egoísta, que da en el rostro del amado con su favor; el amor grande, de sacrificio, es el don de sí, abnegado, que prodiga sus dones en secreto, sin reservarse o recibir nada a cambio. A los milagros públicos y curaciones del cuerpo hechos por Jesús, sustituyó el milagro eucarístico y la curación de las almas. A la relación multitudinaria de Jesús en su vida pública, sustituye la relación íntima, personal de la Comunión en el silencio de la acción de gracias.

Jesús Sacramentado nos espera, se nos comunica en la Comunión o la visita, y nos acompaña en el último viaje. Su participación nos asimila a Él, viviendo en nosotros.

Cuando Jesús Sacramentado se asienta en lo íntimo del cuerpo del hombre, lo asimila a Sí, hasta hacer verdad lo de vivir, no ya el hombre, sino Cristo en él. El hábito de la fe basta para seguir en la Iglesia, pero para sacar fruto abundante es necesario actualizar la fe y abandonar al hombre viejo, concentrándose en Jesús Sacramentado. Éste siempre obra: lo mismo con los discípulos de Emaús, como con cualquier comulgante fervoroso y humilde. En la meditación, tras la Comunión, el adorador desarrollará estos puntos.

La analogía se propaga al alma enamorada de Jesús Sacramentado, pasando desde el orden material al espiritual: la lamparita está suspendida desde la bóveda y pende hacia la tierra, pero su llama sube hacia el cielo; igualmente, el alma tiende hacia el Cielo, pero cuando se sumerge, se apaga por efecto de la misma materia que ella transformaba en luz con la lumbre de la gracia divina de Jesús Sacramentado.

Nuestra vida moral es amor e inmolación de nuestro ser a Jesús Sacramentado; el hombre vive más en donde ama que en donde respira. El amor es una cremación mística, que traslada la vida por voluntad propia (San Agustín: “Si amas la tierra, eres tierra; si amas a Dios ¿qué te diré?, pues eres Dios.”) Sin violentar el lenguaje, se puede decir que el alma del adorador se nutre de la gracia eucarística. Funde sus preces en el horno de amor de las de Jesús Sacramentado y desea consumirse en su amor, como la lamparita del sagrario.

 

B.- TRELLES COORDINADOR

 

Desde 1875, con más de 1000 suscriptores, con lo que sufragaba los gastos del Culto Continuo, ejercía activamente su misión de coordinador y asesor, asistente con sus visitas de los grupos fundados por él.

Logró afianzar el Centro Eucarístico: éste tenía, como 3.ª sección, la Adoración Nocturna (de momento seguía haciéndose una hora semanal en los propios domicilios, porque en la iglesia no les dejaron seguir); tenía, como 4.ª sección, la dedicada a la donación de objetos en contacto con las especies sacramentales.

La 2.ª sección, la Revista, inauguró un apartado nuevo  dedicado a la Virgen, Madre de la Eucaristía, y otro de Artes Eucarísticas; anunció que seguidamente habría otros dos nuevos apartados. 

 

6.- Selección de textos.

 

Aunque ya se ha tratado en el epígrafe anterior, reproducimos íntegros unos fragmentos que puntualizan la espiritualidad eucarística de Trelles, desligándola de otras de la misma época:

En el orden figurativo o simbólico es digno de meditación el hecho de que, a medida que van a cum­plirse los anuncios y a realizarse las profecías, callan los hombres videntes y se nos aminoran los signos; en la Ley de Gracia se disminuyó la lumi­naria sagrada que atestiguaba la divina presencia; a medida que es mayor su aproximación a nosotros y más segura su presencia real, cual realización de la pro­mesa de Cristo. Y decimos que esta coincidencia sig­nifica algo, porque la Iglesia, así sobre la luminaria sagrada como sobre todo, obra siempre inspirada por el Espíritu Santo, y la fe nos asegura que sus preceptos ceremoniales se conforman a la divina voluntad.

 

“El que, según la frase del salmo, puso su tabernáculo en el sol y se significó por el rayo y la nube lúcida y las multiplicadas lámparas y luces del Pro­piciatorio y por el fuego del Cielo, que bajaba a con­sumir las víctimas que se le ofrecían en holocausto, se deja hoy anunciar por una tenue lucecita oculta en una lámpara, que revela a los católicos la real pre­sencia de Jesús en la Eucaristía. No hay que dudarlo, este misterio es un misterio de amor y de poder, por lo mismo que se acerca el Señor y se abrevian los signos.

 

“El amor de Dios tiene un procedimiento especial que sólo se comprende por los que le aman: rehuye cuidadosamente toda exterioridad fastuosa, como si quisiera reservarse todo entero para comunicarse al ser amado. El secreto es su condición habitual, el silencio su idioma, la modestia su manera de ser, y el misterio conviene a su espiritual modo de obrar. Diríase que se trata de un fluido que puede evaporarse o de un aroma que se disipa y atenúa al contacto de la atmósfera; por eso, se vela y guarda cuidadosamente el afecto, como escondido en el corazón del amante, para comunicarse todo entero al corazón del amado. El amor de vanidad y esplendor, el de gran exhibición y ruido, el amor que se impone por la grandeza y el brillo, no nos atreveremos a decir que no sea amor; pero es un amor egoísta, estrecho, menguado; que inmola, en cierta manera, al amado y le impropera o da en rostro con el beneficio; es un amor imperfecto y diminuto. El amor grande, el amor de sacrificio, el don de sí, el amor de abnegación, que se enajena, que no se economiza, que se muere a los pies del amado; ese amor sin limitación, sin medida, que da la vida, que la martiriza, que la inmola, que derrama como el agua la propia sangre, y que reproduce el sacrificio a cada hora, a cada momento; que busca en la oscuridad al objeto de su dilección, y le prodiga sus dones sólo para enamorarle; ese amor magnífico y generoso que tiene condiciones de infinito, y que no se agota por el goce, ni se contraría por la ingratitud, ni se venga de la ofensa, ni se niega a la súplica, ni se escasea en el don, antes se entrega todo el amante sin partija ni detrimento; ese amor verdadero, sincero, infinito, no busca la publicidad; antes la huye, abor­rece el ruido y se repliega en el misterio para pro­digarse en el secreto.

 

“¿Comprendéis ahora, queridos lectores, el silencio del Señor en su vida eucarística? iOh!, yo creo que sí: hemos descrito sin pensarlo el amor de Dios. Los sacrificios figurativos, cesaron con el de la ado­rable víctima del Calvario; el velo rasgado del Templo atestigua que la presencia de Dios allí desapareció, y que, desechado el holocausto de la ley escrita, tomó Dios como expiación y sacrificio superabundantemente satisfactorio, el corazón atormentado y humillado de Jesucristo, su Hijo Santísimo, que lo ofre­ció a Dios en las tres horas de agonía, con perfecta, y absoluta voluntad de pagar el rescate de sus hermanos.

 

“Consumado el sacrificio, celebrado el misterio de propiciación que vino a ejecutarse en la adorable Hostia, ya quedó la realidad subrogada en el lugar de la figura, y a los signos precedentes, reemplazaron los concomitantes; al culto ceremonial, sucedió el verdadero sacrificio, y a la sangre impura de las víctimas, la Sangre preciosa de Nuestro Señor Jesucristo. A los milagros y curaciones públicas que hacía el Hijo del hombre, sustituyó el milagro de milagros de la Sacratísima Eucaristía que cura las al­mas y se condensa, en cierto modo, con nuestra vida, para hacerla común y recíproca, según la promesa de vivir con nosotros y nosotros con Él, como se lee en el Evangelio.  Las figuras desaparecieron por la presencia del figurado; los signos se desvanecen ante el significado; los antetipos hacen lugar al prototipo y dechado que se esperaba, y a medida que se corren los velos de la fe ante la real presencia, se disminuyen las se­ñales, y sólo aparece un señuelo, un indicio luminoso, una pequeña luz que llama más a la puerta de los corazones que al sentido de la vista, y que, para la mayor parte de los favorecidos, pasa inadvertida, o se observa maquinalmente; mientras que, para los verdaderos amantes, es un bendito destello y anuncio seguro de la presencia sacramental de Jesús en el Sagrario.

 

“Lo repetimos. El misterio y la modestia convienen al amor verdadero; y la manifestación clamorosa le da pena. Por eso, tal vez, a las múltiples luminarias de los templos de la Judea, reemplaza una sola luz, y ésta harto pequeña, pobre y vacilante, en frente del tabernáculo en que reside el Dios escondido; tanto más escondido, cuanto más quiere revelársenos. Respondamos, hermanos en la fe, a este sigiloso llamamiento; acudamos a las misteriosas confiden­cias de Jesús bajo las especies; ya por la Comunión sacramental, ya por la Comunión espiritual, ya por la oración mental, y acogidos al santuario como al aprisco del verdadero pastor, procuremos guarecer­nos a su sombra benéfica, en las tribulaciones que nos rodean y en las que nos amagan, porque está escrito en los salmos que el azote de Dios no se aproximará a su tabernáculo, y su promesa no puede faltarnos. Pero, al propio tiempo que así obremos, rindá­mosle culto y adoración perenne, y humilde home­naje de amor y contrición, procurando entender el lenguaje misterioso y simbólico de la lámpara sacramental, que nos llama a la oración y a la Comu­nión, a la intimidad con Jesús-Hostia y al ejercicio de la perfecta caridad, con nuestros hermanos de la Iglesia purgante y de la militante.”   [LS 1885, pp. 1-9]

 

Comentando una vigilia celebrada con gran pompa y asistencia pública, Trelles escribió:

 

“No podemos omitir algunas reflexiones que se pueden compendiar en aquella frase de San Pablo: «In hoc non laudo

 

“El art. 90 de los Estatutos del Centro, hoy vigente, dice así: «El Centro Eucarístico se propone evitar, cuanto esté en su mano, toda exhibición pública de su existencia, salvo las relaciones con los venerables Prelados de la Iglesia, y con las sociedades análogas de España o del extranjero, puesto que la vida del Centro Eucarístico debe estar escondida en Jesucristo, y por Jesucristo en Dios, mirándose los asociados como humildes servidores y criados indignos e insignificantes del sagrario, no asistiendo, por lo tanto, en corporación y representación a funciones públicas, ni comuniones generales, ni fiestas religiosas; pero celebrarán privadamente algunos días de retiro, etc., etc.»

“Basta leer este artículo para comprender que la función de Alicante, toda ella fue extrarreglamentaria, recibiendo los que la promovieron la recompensa que buscaban, sin duda: la pública alabanza, el elogio ruidoso y el aplauso público que desde el púlpito dieron a los veladores que, como dice el Evangelio, receperunt mercedem suam [recibieron su paga]. ¿Qué más quieren? Permita Dios que esto no perjudique la obra, pues va de frente contra sus preceptos.

“El Evangelio distingue claramente las obras buenas que han de dar gloria con su ostentación al Padre Celestial, de las de limosna y oración que, por su condición y naturaleza son secretas. Así lo atestigua  Mt 6, 1-6, en donde literalmente manifiesta el divino Salvador que no se hagan las obras de justicia delante de los hombres para ser vistos y alabados de ellas, pues de otra manera no tendrán recompensa cerca de Nuestro Padre, que está en los Cielos. Continúa hablando el Señor de la limosna que ha de ser dada por la diestra sin que lo sepa la mano izquierda. A seguida añade: «Cuando oréis, no seáis como los hipócritas que oran públicamente en las sinagogas y las plazas para ser vistos de los hombres, pues, os lo aseguro, que aquellos ya recibieron su recompensa. Tú, empero, cuando ores, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora escondidamente a tu Padre Celestial. Tu Padre que te ve en lo recóndito te lo remunerará.»

“En este espíritu y en el de San Pablo, citado literalmente en el art. 9., se ha fundado la adoración interna al Santísimo Sacramento, como obra de oración, de expiación, de desagravio, que pierde su aroma entregada a las alabanzas de los hombres.

“Nuestros consocios de Alicante, guiados, según creemos, por un individuo del Centro de Madrid y coautor de la reforma, estaban ganosos de encomio y alabanzas, y no pudieron resistir a la tentación de exhibirse, de asistir a funciones públicas, de lucir los ochenta socios, y tal vez de velar de noche con puerta abierta. Sea en hora buena, diremos, pero esa no es nuestra obra; eso es culto público, esplendor, ruido, música, gran sermón, pública procesión, gran solemnidad, y recibir elogios, alabanzas, plácemes y aplausos. Es la vez primera que se conculca y viola abiertamente la prohibición reglamentaria.

“Nos entristece pensar que esto será muy pronto la obra que este pobre periódico fundó y propagó con licencia y bendición de los Prelados de España en número de 25.

“No podemos menos de aconsejar a las demás secciones de adoradores de España que no sigan el ejemplo de los de Alicante, y no dudamos prometerles, con las palabras de Jesucristo, una grande remuneración y premio, pues literalmente lo anuncia el Evangelio: Pater tuus qui vidit in abscondito, reddet tibi [tu Padre, que ve lo oculto, te lo pagará].

“La alternativa está a la vista en las frases citadas. Hay que optar entre la alabanza y el elogio, exhibiéndose; o la recompensa secreta y callada, pero valiosa, del Padre Celestial.

“Así plantea el problema el santo Evangelio. Podemos decir a nuestros hermanos de todas partes: Elegid.” [LS 1889, pp. 277-280]

 

SÚPLICAS FINALES

   

“¡Gloria a Dios! y sólo a Dios, de quien procede todo bien, porque se ha valido de nosotros, pobres pecadores, para Obra tan hermosa y trascendental.

Que la Bendición del Sumo Jerarca de la Iglesia mantenga y mejore en su espíritu y en sus prácticas a los Asociados espirituales de la devoción Eucarística. Si nos fuera dado desear algo, sería que el Señor no nos despida todavía, a pesar de nuestra indignidad, de esta bella propaganda, acrecentando más y más la devoción a Jesús Sacramentado, y extendiéndola y consolidándola para que, cual red de amor, aprisione en sus mallas benditas a todos los habitantes de esta hidalga Nación, cuyas glorias patrias están íntimamente enlazadas con el culto al huésped divino de nuestros Tabernáculos, hasta que los Enviados de Dios para regir su Iglesia dispongan lo conveniente para mayor gloria y esplendor de la Sagrada Eucaristía.” [LS, 1891, pp. 6-7]

 

                   Botón dorado, campanilla azul,

                   lirio oloroso, rosada peonía,

                   ha mucho tiempo que os cultivaba,

                   mas hoy os voy a ofrecer a Dios.

                   ¡Oh felicidad! Aquél que da

                   su gran sol al firmamento

                   permite ahora a un pobre niño

                   ofrecerle una corona.

                   Dulce tañido de la campana,

                   mezcla con los perfumes de mis flores,
                    tu voz que canta y pregona
                    que nunca se separa de nosotros.
                                                          [LS 1882, pp. 391-392]

 

“Señor y Dios Padre omnipotente, luz indefectible que eres autor de todas las luces, bendice esta humilde y pobre lámpara que, santificada y bendita por Ti, que iluminaste todo el mundo, nos consiga que de aquella lumbre nos iluminemos y encendamos en el fuego de su claridad y, como iluminaste a Moisés a la salida de Egipto, así ilumines nuestro corazón y nuestros sentidos, para que merezcamos llegar a la vida y a la luz eternas. Amén.”

 

1880

Los ruegos finales: que la obra arrastre al obrero y que se ensanche su radio de acción.

 

1881

Rogando a la Virgen Inmaculada y Madre de Dios para que la obra convierta al obrero.

 

1884

Trelles invitaba a dirigir a Jesús Sacramentado, al menos, una jaculatoria de amor:

 

                                     ¡Viva Jesús

                                     Sacramentado!

                                     Que viva y reine.

                                     ¡Gloria e Imperio

                                     tenga por siempre

                                     y eternamente!

                                     Amén.                                                    

                                                       [LS, 1883, p. 354]

 

1887

Trelles suplicaba la ayuda de los lectores para continuar el propósito, y sus oraciones para perseverar trabajando en la gloria de Dios hasta el último aliento y exhalar el último suspiro, en espíritu o en verdad, a los pies de Jesús Sacramentado, impetrando su misericordia para sus culpas, y su bendición para el viaje a la eternidad. Nuevamente aparece el presagio sobre su cercana muerte como en el año 1885.

 

1891

Trelles deseaba que “Dios no le despidiera todavía, para poder acrecentar las obras hasta comprender a todos los españoles.”

CONCLUSIONES

 

Serán unas palabras del mismo Trelles:

“Si los ojos de la carne pudiesen ver los efectos de la Sagrada Comunión Sacramental o aun espiritual; si pudiéramos conocer, cuando la Hostia es recibida con humildad y perfecta contrición, cómo acrecienta el amor y cómo cauteriza el corazón para despegarlo de los goces terrenales, encendiendo en él como una luz sobrehumana y clara, a cuyos resplandores se presiente la humana miseria, se comprendería, en cuanto cabe, el don de Dios.

“Deduciríamos que, así como transustancia el Señor el pan y el vino por las palabras de la consagración, así reasume y transforma en Sí mismo al comulgante bien dispuesto, en términos de que viva éste en Él y Él en el comulgante.

“¿Por qué no gustamos esas inefables dulzuras? ¿Por qué tantas comuniones frías y sin fervor, que apenas si cambian y mejoran a quien con tanta frecuencia comulga?

“Largo y difícil sería explicarlo en breves palabras, aunque sólo en una está comprendido todo. Consiste en nosotros, por varios modos y obstáculos que nuestra malicia e ingratitud oponen, a la gracia divina y a los efectos del sacramento augusto. 

Cuando, verdaderamente contritos y humillados, se acercan los católicos a la mesa celestial y reciben el Cuerpo sacratísimo del Señor con fe pura y sed ardiente de los favores que allí nos brinda el Señor, entonces les será aplicable nuestro texto, y el corazón se encenderá en el fuego sagrado que Jesús trajo a la tierra, y despedirá su luz llamas de caridad, que le harán aplicables las voces del libro sagrado.

“También es una consecuencia de tales reflexiones que los que reciben en comunión a Cristo, Señor nuestro, llegan a compenetrarse de su amor divino a punto de despedir llamas de caridad, que participan y transmiten, a su vez, a los demás; ora predicando o administrando los santos sacramentos, ora brillando por sus virtudes heroicas entre los hombres, y atrayéndoles con su ejemplo.

“Jesucristo es un hogar incandescente. Como una antorcha de caridad perenne, prende su fuego y lo comunica a los que lo reciben bajo las especies consagradas, como que el fruto de la Comunión es que Jesús vive en los que comen su carne y beben su sangre, y los asimila y convierte en sí mismo, haciendo que ellos vivan en Él.

“Plegue a Dios, que el título que ha tomado nuestra pobre Revista de LÁMPARA DEL SANTUARIO, nos atraiga, por la humilde intención que la inspiró, no obstante su imperfección, una chispa de amor divino que podamos comunicar a nuestros lectores.

“Aunque sea sólo una pequeña luciérnaga en la noche del siglo, Dios nos podría otorgar la dicha de que sirva de señuelo para que nuestros queridos lectores huellen con planta animosa y con paso seguro la senda que, por la comunión sacramental, nos garantiza la beatífica, sugiriéndonos algunos pensamientos adecuados para recibir al Señor con las debidas disposiciones, y agradecer su venida con algo de más fervor que lo hacemos, sacando así del banquete celestial frutos de perfección y un amor verdadero a Dios, ardiente y esplendoroso, augurio de la comunión sin velos de la eterna gloria”. [LS 1884, pp. 7 y sig.]

Breve reseña biografica.

SINOPSIS BIOGRÁFICA DE D. LUIS DE TRELLES Y NOGUEROL, APÓSTOL DE LA EUCARISTÍA      Y FUNDADOR DE LA ADORACIÓN NOCTURNA EN ESPAÑA

Si alguien hace la pregunta: ¿Quién es Luis de Trelles? De inmediato hubiera podido contestar: Un santo. Un seglar santo, aunque no esté declarado oficialmente, quien, en 1877, funda en España la Adoración Nocturna, un grupo de Oración compuesto de seglares que, durante la noche, velan y rezan a Jesús Sacramentado. En España es un desconocido, incluso para los católicos; es por ello por lo que, a la pregunta, he querido responder con cierta amplitud, por lo cual se redactan estas notas biográficas.

El Siervo de Dios Luis de Trelles y Noguerol, fundador de la Adoración Nocturna en España. *Viveiro (España), 1819 - Zamora (España) 1891)

Entorno familiar: abogados y terratenientes; patriotas heroicos en la Guerra de la Independencia y políticos liberales tras ella.

Carrera académica: a los 19 años se licencia en Derecho en Santiago de Compostela. Al año siguiente es Profesor encargado de Derecho Civil en la misma facultad y, en 1848, de la Escuela del Notariado y, en 1852, secretario del Tribunal de Oposiciones al Notariado.

Carrera Profesional como:

1.- Jurísta: Ejerce la abogacía privada y defensa gratuita de pobres en Viveiro, La Coruña y Madrid. Es auditor contratado por varios departamentos de la Administración Pública, interviniendo decisivamente en la desmilitarización fronteriza con Portugal. Es asesor jurídico privado (especialmente de las jerarquías eclesiásticas, periódicos y políticos); en 1864 realiza un informe sobre los foros solicitado por el Congreso de los Diputados; en 1863, es uno de los convocantes del Congreso de Jurisconsultos de Madrid; en 1869, funda la Comisión de 300 Abogados para la defensa de perseguidos políticos y religiosos.

2.- Periodísta: desde 1884, colabora en varios periódicos; 1852, funda la Revista Jurídica y Administrativa de Galicia; hasta 1854, colaborador y asesor y luego Director del periódico El Oriente (lidera la campaña que derriba al Gabinete Sartorius).

En 1859, publica 15 artículos sobre los foros, arrendamientos agrícolas del norte (resueltos en 1928 según su línea). En 1870, preside la Junta de Prensa Católica.

3.- Político: diputado moderado que derrota al candidato progresista en Vivero, pero al comprobar que no se cumple el programa electoral, dimite y hace campaña en favor del progresista derrotado por él y se retira de la política. 1871, nuevamente diputado carlista, partido que agrupó a la mayoría de católicos, derrotó a Emilio Castelar, el futuro “presidente” en la I República Española.

4.- Activista: humanitario, inventa las comisiones de mediación en guerras civiles: unos 20.000 prisioneros (según listas nominales de los Archivos Estatales. Nuevas investigaciones aseguran que pueden ser 40.000) le debieron la libertad y hasta la vida, según el hacinamiento, la desnutrición y represalias habituales en las cárceles de guerra. En 1858, funda una Conferencia de san Vicente de Paúl y coordina diversas actividades caritativas. La muerte le halla en uno de esos viajes.

Fundador:

1.- En 1885, el Congreso Eucarístico de Friburgo, le reconoce el renovador del culto eucarístico en España.

2.- Desde 1868, es el impulsor de la comunión mensual (Coros del Culto Continuo, 300.000 afiliados); 1870, funda y mantiene casi en solitario, durante 22 años, la revista eucarística mensual de 40 páginas “La Lámpara del Santuario”. En 1872, funda el Centro Eucarístico para coordinar las fundaciones eucarísticas; en 1877, la Adoración Nocturna y, en 1881, las Camareras de Jesús Sacramentado.

Místico: Propaga una senda de perfección seglar fundada en la comunión fervorosa y agradecida, la meditación y la asimilación a la persona JESÚS SACRAMENTADO y sus actividades en su vida sacramental: adoración al Padre, sacrificio, impetración por la Iglesia, el estado, la humanidad y especialmente los pecadores.

NOTA: la Fundación “Luis de Trelles” promueve su causa de canonización, ofrece cuanta información se solicite y recibe aportaciones de milagros o favores recibidos por su mediación o económicas para sostener la causa. Dirección: Vázquez Varela, Nº 54 - 3º - Vigo 36204, (Pontevedra, España).

(http://www.fundaciontrelles.es.vg/)

Si pasas por Zamora (España), puedes visitar su tumba en la Catedral y rezar.

En 1999, en los boletines de la ANE de Málaga, aparecen siete fichas entre Febrero y Agosto-Septiembre, sobre la biografía de D. Luís de Trelles sintetizada por el jefe del turno 2º, quien constata que la devoción de Trelles a Jesús Sacramentado procede del Amor y aunque siempre llamaron la atención los modos castrenses de la Adoración Nocturna, más parece en sus viajes un fraile franciscano, que un soldado. Pidió la meticulosa observancia del reglamento y el silencio y el rezo pausado; oraciones dirigidas a alcanzar el bien general de la Iglesia, permaneciendo en fiel comunión con el Papa y el respectivo Obispo; mantener la acción personal de los adoradores en la Sociedad civil en testimonio de la Fe y servicio al prójimo”.

Adorado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado.

 

Cronología biográfica de D. Luis Trelles, fundador de la Adoración Nocturna en España

 

Fecha        Acontecimientos y Observaciones

1819 Nace en Vivero (Lugo) con dos hermanos mayores, su padres eran de familias acomodadas; su padre abogado, luchador contra los franceses y diputado liberal.

1827 Ingresa en un antiguo colegio de Vivero. Meditación diaria de un cuarto de hora a las seis de la mañana. Misa diaria, el Oficio completo, el Rosario y seis horas diarias de estudio y clase

1830 Deja la enseñanza inicial y comienza con su hermano mayor el equivalente al bachillerato       

1833 Ingresa en la Universidad

1838 Profesor de Derecho Civil en Santiago.

1840 Retorna a Vivero y ejerce la abogacía con su cuñado.

1842 Abre bufete en la Coruña. Acepta clientes gratuitos. A partir de aquí contratan sus servicios el Ejército, Hacienda y Colegio de Notarios, como Profesor.

1851 Entre los notables artículos ataca la reforma penal de 1851 que implanta el jurado, y se opone a que se castiguen los delitos de pensamiento y actos ocultos. Domina el francés e inglés.

        Llega a Madrid, contacta con Bravo Murillo y gana un acta de diputado como candidato moderado

       Se desengaña de la política y evoluciona hacia la resolución final: defensa de los marginados y oración ante el Santísimo.

1858 Funda en su pueblo la conferencia de San Vicente de Paúl.

1862 Conoce en París la Adoración Nocturna y participa en sus vigilias.

1863 Se casa con la viuda de un amigo y tiene una hija que bautiza con el nombre de Espiritusanto.

        Dirige  la Asociación de Católicos (carlista) y representa a Soria en las Asambleas carlistas.

1868 Se hace cargo del “Culto Continuo al Santísimo Sacramento”, por la muerte de su fundador,  D. Francisco Zamora y Granados, que se lo confía en legado.

1871 Es elegido por Gerona, derrotando a Castelar.

1872 Fraude electoral y triunfo de los carlistas belicistas que lleva a una guerra, rechazada  por Trelles, la juzgaba injusta y que sabía que se perdería. Se inaugura el “Centro Eucarístico de Madrid” que es la matriz que coordina las secciones eucarísticas que siguen a los primitivos “Coros”.

1873 Se inician esporádicas vigilias en el Oratorio del Espíritu Santo. Se proclama la I República.

       Inventa la misión desconocida para la época “comisario-mediador de canjes de prisioneros”, de uno y otro bando de la guerra civil.

1874-75 Persecución política, económica y penal a  conocidos pro-carlistas. Pasó por prisión y el destierro, pero tiene claro que “rehuir el puesto de peligro en días de prueba es, cuando menos, infame cobardía y falta de fe”.

1876 El carlismo es derrotado como Trelles predijo.

        Inventa la misión desconocida para la época “comisario-mediador de canjes de prisioneros”, de uno y otro bando de la guerra civil.

         Comprende, que la política no sirve para la defensa de Cristo, llegando a la definitiva conclusión de que sólo la Oración puede salvar a la Iglesia: así llegó a la etapa de las Fundaciones.

1877 2 de Noviembre. Un acta del  “Centro Eucarístico” base de la Adoración Nocturna en España. El día 3 Vigilia inaugural en la Iglesia de San Antonio del Prado (frente al actual Congreso).

1878 El Primado aprueba los Estatutos y el Reglamento de la Adoración Nocturna en España, obra personal de Trelles.

1879 Inicia la fundación de secciones en diversas ciudades, entre ellas, Málaga y en paralelo las secciones femeninas: “Camareras de Jesús Sacramentado”.

1889 Moción de censura en Madrid por el canónigo Caparrós. Se incrementan las nuevas fundaciones. Cartas de adhesión de toda España.

1890 15 de Mayo dice en Zaragoza: “Sólo debemos hacer lo que hace Cristo: pedir al Padre por todos; ser agradables a Dios y útiles al prójimo”

1891 1 de Julio, durante su visita a la sección de Zamora, fallece de  pulmonía. No llevaba equipaje y dejó una Institución de laicos contemplativos en medio de sus tareas mundanas. Es sepultado en el cementerio de San Atilano.

1903 Su hermana, viuda, construye a sus expensas un Asilo de Ancianos.

1941 Sus restos se trasladan a la iglesia de San Esteban.

1991 Sus restos se trasladan a la Catedral de Zamora, donde se ofrecen al recuerdo y veneración.

1999 Siete fichas en los Boletines de la sección de la Adoración Nocturna  de Málaga entre Febrero y Agosto-Septiembre, sobre la biografía de D. Luis Trelles sintetizada por J. Pastor del turno 2º. quién constata que “la devoción de Trelles a Jesús Sacramentado procede del Amor y aunque siempre llamaron la atención los modos castrenses de la Adoración Noctuna, más parece en sus viajes un fraile franciscano, que un soldado. Pidió la meticulosa observancia del reglamento y el silencio y el rezo pausado; oraciones dirigidas a alcanzar el bien general de la Iglesia, permaneciendo en fiel comunión con el Papa y el respectivo Obispo; mantener la acción personal de los adoradores en la Sociedad civil en testimonio de la Fe y servicio al prójimo.

 

Nota complementaria sobre el entorno sociocultural y político en tiempos de D. Luis de Trelles que ayudan a comprender las distintas etapas de su vida.

La Fundación Luis de Trelles tiene encomendada, entre sus funciones, la tarea más hermosa: Preparar toda la documentación necesaria para llevar a buen puerto su  proceso de beatificación que concluya con su elevación a los altares como Santo.

La Positio, que recoge la selección de los documentos y testimonios más importantes sobre la vida y la obra de D. Luis, ha sido dirigida por el Doctor  D. Francisco Puy Muñoz.

Del capítulo I “La Circunstancia vital” de “Trelles Positio” (págs.5-6) recogemos, para general conocimiento, lo que sigue, con el propósito de que el amable lector sitúe a D. Luis de Trelles en sus contexto histórico.  

"Para comprender la vida y valorar las virtudes del siervo de Dios don Luis Trelles Noguerol debemos situarnos mentalmente en su circunstancia vital, o sea en el espacio, el tiempo y la cultura. En cuanto al entorno territorial, don Luis nació en Viveiro, una pequeña ciudad de la región de Galicia del reino de España. Tuvo domicilios sucesivos en las ciudades gallegas de Viveiro, Mondoñedo, Lugo, Santiago de Compostela y Coruña, y finalmente en Madrid.

 

Pero recorrió toda España en repetidos viajes. E hizo, además, algunos relativamente cortos a Francia y Suiza. En cuanto al tiempo histórico, don Luis vivió entre los años 1819 y 1891. Es decir, en el siglo XIX, ocupándolo casi por entero. Y en cuanto a la circunstancia cultural, los principales acontecimientos que condicionaron las acciones humanas de don Luis Trelles se movieron en una ruptura muy bronca que condujo de la ilustración al romanticismo, y de éste al modernismo.

 

Los españoles del siglo XIX hubieron de soportar muchas duras pruebas. España perdió sus territorios multicontinentales. Sufrió una invasión extranjera con una guerra cruel y destructiva que la dejó arruinada. Padeció un conflicto civil permanente, tanto en los territorios americanos, como en los peninsulares; y, se desangró en tres grandes guerras civiles generales, y más de cien pronunciamientos y sublevaciones. España enfermó de depresión económica y moral, que la sumió en una grave crisis de identidad.

 

Las dos principales ideologías que enfrentaron a los españoles decimonónicos fueron el liberalismo y el tradicionalismo. La mayoría de los españoles del XIX no se mantuvieron a lo largo de su vida en una de las opciones, sino que bascularon una o más veces de la una a la otra.

 

Don Luis de Trelles fue uno de esos hombres reflexivos y concienzudos, capaces de mantener los principios de su fe, y a la vez, de adaptar su programa vital a las variaciones de los tiempos para poder mantener mejor su fidelidad a aquéllos.

 

En sus opciones políticas, don Luis adhirió primero, por herencia familiar, el liberalismo moderado y doctrinario, es decir, el sector del liberalismo situado en el centro del espectro ideológico. Ocurrió eso aproximadamente entre 1844 y 1854, cuando él tenía entre veinticinco y treinta y cinco años de edad. Y luego, el resto de su larga vida pública, don Luis se mantuvo siempre leal al campo tradicionalista, pero dentro de él, en el centro, o sea, en el sector más moderado del tradicionalismo. Es una etapa que transcurre entre 1855 y 1891, lo que equivale al periodo que se extiende desde los treinta y seis hasta los setenta y dos años que tenía al fallecer. Lo que se acaba de decir significa que don Luis actuó entendiendo, comprendiendo, conociendo, valorando... con óptica tradicionalista la situación real en la que tenía que decidir la bondad, la belleza, la utilidad y la justicia de sus actos.

 

Para enjuiciar su vida lealmente, tenemos que procurar, entonces, que nuestra visión de la España del siglo XIX trate de ser la misma que percibió él, que fue la del círculo católico tradicionalista leal a la jerarquía y al papado".

La positio, siguiendo los trámites rituales, ya está en el correspondiente Dicasterio de Roma y hemos de rogar a Dios para que de las señales indubitables de la santidad de nuestro santo Fundador. Por ello sugerimos   al amable lector eleve al Señor oraciones constantes para que nos conceda la gracia de verlo pronto en los altares.

Oración para la devoción privada

 

Padre nuestro que estás en el Cielo. Tú que escogiste a tu siervo LUIS DE TRELLES como laico comprometido en su tiempo y ardiente defensor de la EUCARISTÍA: Dame la gracia de imitarle  cumpliendo siempre fielmente con mi compromiso en la adoración del Sacramento y en el servicio a los demás. Dígnate glorificar a tu siervo  LUIS y concédeme por su intersección la gracia que humildemente te pido. Así sea.

(Padre nuestro, Ave María y Gloria)

De conformidad con los derechos del papa Urbano VIII

(Con licencia eclesiástica del Obispado de Zamora) 

"No puede haber ocupación mejor, ni que más bien responda a la vocación del cristiano que el adorar a Cristo - Eucaristía".

"La Adoración es una fuerza poderosa para la vida de la Iglesia" (Luis de Trelles)

 

COLABORA CON LA FUNDACIÓN LUIS DE TRELLES

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36204 Vigo

Apdo. 338 - 36080 PONTEVEDRA (ESPAÑA)

 

 

Los autores tendrán el gusto de contestar a cualquier cuestión que se les plantee a través de jpastorteresa@gmail.com o de la FUNDACIÓN LUIS DE TRELLES, c/ Vázquez Varela, 54, 3.º derecha, VIGO (Pontevedra) 36204 y agradecerán cualquier donativo que se haga a esa Fundación, cuyo único fin es promover y sostener la causa de canonización del Siervo de Dios Luis de Trelles y Noguerol.

 

OTRAS OBRAS ACERCA DE TRELLES, DE LOS MISMOS AUTORES

 

1.- La espiritualidad de Trelles que difundió en la Adoración Nocturna

2.- Trelles y el espíritu de los ritos de la Adoración Nocturna

3.- La Senda Eucarística de Perfección Seglar según Trelles

4.- Poemas de Trelles, Santo, Apóstol y Trovador de Jesús Sacramentado.

© 2010  AÑO SANTO COMPOSTELANO. Reservados todos los derechos. Los autores autorizarán por escrito, y gratuitamente, cualquier reproducción íntegra de esta obra que se les solicite y que se difunda sin ánimo de lucro, a no ser que el producto se destine a la Fundación Luis de Trelles, promotora de la causa de canonización del Siervo de Dios Luis de Trelles. Nunca ediciones parciales o textos mutilados. Siempre deberán incluirse la portada y la oración de la contraportada. La Fundación Luis de Trelles tendrá siempre autorización permanente para hacer cuantas ediciones desee en las condiciones expuestas arriba.

 

Dejémonos guiar por Trelles en ese acercamiento a la Eucaristía. 

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